Según Gestión, el fenómeno El Niño (FEN) se mantendrá en niveles extraordinarios y muy fuertes hasta junio de 2027, según el último informe del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen), publicado el 30 de octubre. Este panorama climático pone en riesgo la producción de energía hidroeléctrica, especialmente en regiones del centro y sur del país. El Centro Nacional de Estimación y Prevención del Riesgo de Desastres (Cenepred), en su actualización octubre, señala que las lluvias excesivas, derivadas de movimientos en masa, podrían afectar entre alto y muy alto a 116 centrales hidroeléctricas. Además, se prevé un déficit hídrico prolongado en la sierra central y sur oriental, que podría persistir hasta abril del 2027, impactando directamente el almacenamiento de agua necesario para la generación hidráulica.
Anddy Rodríguez, gerente general de Electroperú, precisó que el mayor desafío para la producción hidroeléctrica se presentará durante el próximo estiaje, desde abril hasta octubre de 2027. En ese periodo, la escasez de agua podría generar una dependencia creciente de centrales térmicas alimentadas por diésel, un combustible que actualmente se utiliza en niveles elevados. Este escenario no solo compromete la sostenibilidad energética, sino que también incrementa significativamente los costos operativos, ya que el uso de diésel implica una mayor exposición a precios volátiles y a la estabilidad de suministros.
La situación actual evidencia una vulnerabilidad estructural en la cadena energética peruana. La dependencia de fuentes hidráulicas, que representan cerca del 25% de la generación nacional, se ve amenazada por condiciones climáticas inestables que se proyectan como prolongadas. Si no se implementan medidas de mitigación, como inversiones en tecnologías de almacenamiento o diversificación de fuentes energéticas, el sistema podría enfrentar un crecimiento en los costos y una reducción en la eficiencia. Este riesgo no es solo técnico, sino también económico y social, ya que afecta el suministro de energía en ciudades clave como Lima.
Para los habitantes del Perú, especialmente en zonas con alta dependencia de energía hidroeléctrica, este panorama implica una mayor probabilidad de interrupciones en el suministro o de aumentos en las tarifas. Las familias y pequeñas empresas podrían sentirse impactadas por la inestabilidad, lo que subraya la importancia de fortalecer el sistema energético mediante políticas que promuevan la diversificación, la resiliencia y la inversión en tecnologías limpias. En un contexto donde el clima juega un papel decisivo, el desarrollo de estrategias energéticas más robustas se vuelve no solo una necesidad, sino una prioridad para la estabilidad nacional.