Segun Gestión, el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) presentó los resultados de la Encuesta Nacional de Intenciones de Siembra (ENIS) para la campaña agrícola 2026-2027, que evidencia la preocupación de los productores por el potencial impacto del fenómeno El Niño. La encuesta, basada en entrevistas a 14,252 productores calificados, se construyó a partir de información regional de agencias agrícolas y datos históricos, con la recolección de datos entre el 5 y el 31 de mayo, y su análisis finalizado el 16 de junio. La campaña de siembra, que comienza en agosto, se extiende hasta junio del año siguiente, con los principales cultivos iniciando su plantación desde octubre y alcanzando su pico en verano —justo cuando se anticipa un aumento significativo en la intensidad del evento climático.
La ENIS 2026/2027 revela un leve crecimiento en la superficie agrícola planeada, que supera las dos millones de hectáreas, un incremento del 1.5% frente al promedio de las cinco campañas anteriores. Este ajuste se debe a que 14 de los 23 cultivos transitorios estudiados son considerados más resilientes ante condiciones climáticas adversas. Entre ellos destacan la papa, el maíz amarillo duro, el maíz choclo, el frijol grano seco, la cebolla, el tomate, la arveja, la yuca y el zapallo. El maíz amarillo duro, por ejemplo, será sembrado en 287,095 hectáreas, cifra que refleja una reasignación estratégica de áreas productivas. Aunque el volumen no muestra un salto notable, la distribución indica una orientación clara hacia productos con mayor capacidad de adaptación.
La amenaza del El Niño persiste como factor determinante en la viabilidad de estas actividades. Los productores han reorientado sus decisiones no solo por el riesgo de sequías o inundaciones, sino por la incertidumbre sobre las condiciones de riego y temperatura durante el periodo de crecimiento. Este escenario impacta directamente a sectores que ya enfrentan vulnerabilidades estructurales, como el arroz o la papa, cuyos ciclos de producción se alinean con las condiciones climáticas más críticas del año.
Para los peruanos que dependen directamente de la agricultura, este panorama implica una necesidad de fortalecer la planificación agrícola a corto y mediano plazo. La adaptación de cultivos, la inversión en tecnologías de riego y el acceso a seguros agrícolas deben ser prioridades. La economía rural, que aporta alrededor del 15% del PIB nacional, no puede seguir dependiendo únicamente de la suerte climática. En un contexto de escasez de recursos y variabilidad en las condiciones naturales, las decisiones de siembra deben ser más informadas, basadas en datos reales y en modelos de riesgo. Así, cada hectárea sembrada representa no solo una esperanza de rendimiento, sino un paso hacia una agricultura más sostenible y resiliente.
