Según Gestión, el fenómeno climático El Niño está generando una profunda contracción en el sector pesquero peruano. En junio, el área de actividad registró una caída del 51.94%, acumulando un retroceso total del 33.15% en el primer semestre del año, datos que provienen del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Este deterioro ha sido suficiente para que el Ministerio de Producción declare, el domingo 23 de agosto, una emergencia temporal en pesca y acuicultura por un periodo de 120 días calendario. La medida fue formalizada mediante el Decreto Supremo N°012-2026-PRODUCE, que otorga al Estado facultades para implementar acciones inmediatas y específicas frente a las consecuencias del El Niño costero sobre la cadena productiva pesquera.
La Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno “El Niño” (ENFEN) ha mantenido activa su alerta por el evento, proyectando que la situación se extienda hasta 2027, con intensidad que podría alcanzar niveles fuertes o extraordinarios. Este escenario ha sido validado por el ministro Juan Carlos Requejo, quien destacó que la declaración no es meramente formal, sino una herramienta operativa para proteger empleos, ingresos y la continuidad de las actividades económicas. Según Thorne Associates, el deterioro provocado por El Niño afectará negativamente al crecimiento del segundo semestre, reduciendo en 0.78 puntos el desempeño general de la economía. Dentro de este impacto, la pesca contribuirá con una disminución de 0.10 puntos, mientras que los sectores primarios, en conjunto, tendrían una baja de 0.8 puntos en su aporte al crecimiento nacional.
La proyección general de la economía peruana para este año se sitúa en un crecimiento de 3.4%, impulsado principalmente por la demanda interna y los sectores no primarios. A pesar de esta estabilidad en otros ámbitos, el impacto en la pesca representa una vulnerabilidad crítica, ya que el sector emplea a miles de personas en zonas costeras del país. Para los trabajadores del sector, la paralización de operaciones implica una pérdida directa de ingresos y una incertidumbre sobre la continuidad de sus labores. En un contexto donde muchos trabajadores dependen de ingresos estacionales y de actividades de bajo margen, esta situación puede amplificar la pobreza en comunidades costeras.
Para los peruanos, especialmente en zonas costeras, este escenario resalta la importancia de políticas públicas que no solo reaccionen a crisis climáticas, sino que también protejan empleos y fortalezcan las cadenas productivas locales. La capacidad de adaptación de los sectores primarios, como la pesca, será clave para mantener la estabilidad económica y social. La intervención del Estado, aunque temporal, puede servir como punto de partida para diseñar estrategias más sostenibles frente a fenómenos climáticos recurrentes.
