Según Gestión, el 23% del PBI peruano se encuentra expuesto a riesgos derivados de la persistencia del El Niño Costero, cuya intensidad podría alcanzar niveles de magnitud fuerte hasta abril de 2027. Aunque el fenómeno no ha sido excluido por completo, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) advierte que su máxima intensidad se presentará entre agosto y noviembre de este año, con posibilidades de alcanzar una categoría de "muy fuerte". En un contexto donde lluvias intensas, inundaciones y daños a infraestructuras son comunes, la vigilancia de estas proyecciones se vuelve crítica para los actores del mercado.
El reporte “Estrategia Perú: El Niño entre la percepción del mercado y la resiliencia de los fundamentos”, publicado por Renta 4 SAB, señala que una intensificación del El Niño en el segundo semestre de 2026 podría provocar una corrección en el índice Perú Select cercana al 12%, dentro de un periodo de seis a nueve meses. Este escenario no refleja una pérdida estructural de valor en las empresas, sino una respuesta del mercado ante una elevación temporal de la incertidumbre. César Huiman, analista senior de Research de Renta 4, explica que los inversores tienden a descontar primero las condiciones climáticas adversas, y solo posteriormente evalúan la capacidad real de las compañías para adaptarse. La historia muestra que, en múltiples ocasiones, las correcciones en el precio de las acciones han superado el deterioro real observado en los márgenes de operación.
En el ámbito de los sectores económicos, el impacto sería más directo en actividades como retail, construcción y servicios. Julio Plácido, gerente comercial de Nuam, señala que un El Niño extremo podría reducir entre 1,1 y 2,0 puntos por ciento el crecimiento del PBI en los periodos 2026-2027. Este descenso, aunque medible, no implica una crisis sistémica, sino una modificación en las expectativas de rendimiento que afectan las decisiones de inversión.
Para el lector peruano, este panorama revela que las condiciones climáticas no solo afectan la vida cotidiana, sino que también influyen en los mercados financieros. Las decisiones de inversión, especialmente en sectores vulnerables, deben considerar no solo el desempeño económico, sino también la exposición a fenómenos naturales. Aunque el riesgo no es imparable, la comprensión de cómo el mercado responde a la incertidumbre permite tomar decisiones más informadas. En un país donde la economía depende fuertemente de actividades de consumo y construcción, la preparación ante eventos climáticos extremos es una herramienta clave para la estabilidad a largo plazo.
