Segun Gestión, el escenario de impacto del Fenómeno El Niño en el Perú ha sido reevaluado por el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción de Riesgos de Desastres (Cenepred), con nuevos datos que casi cuadruplican las cifras previas. En junio, se proyectaba que siete millones de personas estuvieran en riesgo de enfrentar huaicos e inundaciones, basado en un estudio que clasificaba la magnitud del fenómeno como "moderada". Sin embargo, tras analizar el informe oficial del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) N° 12, junto a pronósticos del Senamhi y datos históricos de eventos extremos, el Cenepred actualizó su evaluación. Ahora, anticipa que el fenómeno podría tener una intensidad de "fuerte" a "moderada", con consecuencias directas en infraestructura y población.
Este nuevo escenario implica que hasta el próximo verano, 27 millones de personas en 185 distritos de todo el país estarán expuestas a movimientos de masa y olvas. Los más afectados se concentran en regiones como Piura, Lima, Lambayeque, La Libertad, Huánuco, Áncash, Junín, Pasco, Ayacucho, y en menor medida en Amazonas, Cajamarca y San Martín. En particular, se identifica un riesgo "muy alto" para 1.3 millones de habitantes, que enfrentarán amenazas inmediatas por huaicos. Este incremento se debe a que los modelos de riesgo han incorporado eventos pasados de intensidad extrema, como los años 1982-1993 y 1997-1998, así como los fenómenos costeros de 2017 y 2023-2024, que mostraron niveles de impacto significativos en infraestructura y servicios públicos.
Para los habitantes del Perú, especialmente en zonas costeras y de relieve montañoso, este aviso representa una alerta urgente. Aunque el gobierno ya ha impulsado medidas de prevención, la escalada del riesgo indica que las estrategias actuales podrían no ser suficientes. La vulnerabilidad de los sistemas de transporte, viviendas y servicios es clara, y las comunidades más expuestas deben reforzar sus planes de emergencia. Además, el crecimiento poblacional en zonas de riesgo ha generado una demanda creciente de infraestructura, sin que los planes de inversión se hayan actualizado de forma proactiva.
Este panorama evidencia la necesidad de una respuesta más coordinada entre el sector público, las autoridades locales y las comunidades. No solo se trata de esperar que las condiciones climáticas se normalicen, sino de construir sistemas de alerta y preparación que protejan a las familias en el día a día. En un contexto donde el cambio climático intensifica fenómenos como el El Niño, la inversión en prevención no es una opción, sino una obligación para la estabilidad social y económica del país.
