Segun Gestión, el fenómeno del El Niño Costero seguirá presente en el Perú hasta febrero de 2027, según pronósticos de la Agencia Nacional de Oceanografía y Atmosfera (NOAA) y centros europeos de estudios climáticos. Este evento se manifiesta mediante un calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico ecuatorial, especialmente en las costas peruanas y ecuatorianas, alterando así los patrones climáticos regionales. La ausencia de invierno en la costa ha generado una reconfiguración en la producción textil, con empresas que ahora fabrican prendas de invierno utilizando telas más ligeras, adaptadas a un clima que no alcanza el enfriamiento esperado.
El emporio comercial de Gamarra, uno de los principales centros del sector textil en el país, ha sido particularmente afectado. La campaña de otoño-invierno representa aproximadamente el 50% de sus ventas anuales, y el escaso frío ha provocado una caída directa en su demanda. De acuerdo con datos del Consejo Directivo de la Asociación Empresarial Gamarra Perú, el 30% de sus ventas se concentra en Lima y la costa, mientras que el 70% restante se distribuye en diversas regiones del Perú. Este desajuste climático ha obligado a los empresarios a modificar sus estrategias de producción, sin que la recuperación sea inmediata.
Además del clima, una presión adicional se ha detectado en el entorno empresarial: el ciclo electoral. Este fenómeno, que se repite cada cinco años, se ha intensificado en la actualidad por niveles elevados de polarización política y una incertidumbre creciente sobre el futuro de las políticas públicas. Durante la campaña, tanto las empresas como los consumidores han reducido sus inversiones y compras, lo que ha generado una disminución en la demanda en múltiples regiones del país. Susana Saldaña, presidenta del Consejo Directivo de Gamarra Perú, estimó que la combinación de condiciones climáticas y la coyuntura electoral podría generar un impacto económico negativo significativo.
Para los peruanos, especialmente en zonas costeras, este escenario implica una doble presión: una en el clima, que afecta directamente la producción y la oferta de productos, y otra en el entorno político, que distorsiona las decisiones de consumo y de inversión. Los negocios locales, en particular, enfrentan dificultades para mantener niveles de actividad estables, lo que puede afectar empleos y la economía regional. En un contexto donde los consumidores ya están ajustando sus hábitos, la combinación de condiciones climáticas y electorales pone en riesgo la sostenibilidad de sectores clave del comercio peruano. Es fundamental que las autoridades identifiquen mecanismos para mitigar estos efectos, tanto a nivel de políticas públicas como de apoyo a las empresas.
