Según Gestión, el fenómeno de El Niño (FEN) continúa generando impactos significativos en el sector agrícola peruano, con una contracción del 1.90% en el primer semestre de 2025 y una proyección de caída del 3.2% para todo el año 2026. La Comisión Multisectorial del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) ha confirmado que desde noviembre próximo, las regiones costeras del norte del país enfrentarán precipitaciones superiores a los niveles normales, especialmente en Tumbes y Piura. Sin embargo, en el centro y sur del país, se prevé un déficit hídrico que podría afectar el abastecimiento de agua para riego y el desarrollo de cultivos. Este contraste climático pone en riesgo la estabilidad de los principales productos agrícolas que conforman la mayor parte de la superficie cultivada.
El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) ha emitido un pronóstico de riesgo agroclimático que identifica niveles altos y muy altos entre septiembre y noviembre, especialmente para el arroz y la papa, dos cultivos que representan el 38.2% de la superficie agrícola en la campaña 2026-2027. En la franja costera, el riesgo para el arroz se ha elevado de bajo a alto, con lluvias concentradas que pueden favorecer la proliferación de plagas como la mosquilla, que atacan las plántulas y los macollos. En la cuenca de Partidor (Piura), las etapas de maduración del cereal —lechosa, pastosa y cornea— se ven expuestas a riesgos altos, con posibilidad de brotes de plagas derivadas del calor acumulado. En Lambayeque y La Libertad, se prevé un aumento de temperaturas que, aunque no han sido cuantificadas con exactitud, podrían afectar la productividad de cultivos sensibles a las condiciones térmicas.
Para los productores peruanos, este escenario implica una serie de desafíos operativos. La variabilidad climática no solo afecta la cantidad de producción, sino también la calidad de los productos y el tiempo de cosecha. Las regiones más vulnerables deben prepararse con estrategias de manejo del riesgo, como la rotación de cultivos, el uso de variedades resistentes y el monitoreo continuo de condiciones ambientales. Además, los operadores del agro deben considerar que la inestabilidad climática puede alterar los precios de mercado y las cadenas de suministro, afectando tanto a pequeños agricultores como a empresas del sector.
En un contexto donde el agro peruano representa una parte fundamental de la economía rural y de la exportación, el impacto de El Niño no es solo un fenómeno meteorológico. Es un factor que requiere respuesta estructural, desde el nivel de planificación hasta la gestión de riesgos. Los productores deben integrar datos climáticos en sus decisiones, mientras el gobierno y los organismos de regulación fortalecen el apoyo técnico y financiero para mitigar efectos negativos. En el Perú, donde el agro es un pilar de la alimentación y la seguridad alimentaria, la capacidad de adaptación será clave para mantener la sostenibilidad del sector frente a las amenazas climáticas.
