Según Gestión, la Comisión Multisectorial del Estudio Nacional de El Niño (Enfen) mantiene una Alerta de El Niño Costero con proyección de duración hasta el otoño, estimando que el calentamiento del océano se mantendrá en magnitud extraordinaria hasta enero de 2027, antes de disminuir a nivel fuerte a principios del tercer trimestre. Este escenario climático, que afectará ampliamente al territorio nacional, plantea condiciones extremas en distintas regiones: sequías en el sur del país y precipitaciones intensas en el norte. El Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) ha señalado que las consecuencias para el sector agropecuario se prolongarán hasta mediados del año 2027, con una sequía que podría extenderse hasta mayo, y posiblemente hasta junio.
En este contexto, se anticipa una reducción en la productividad de cultivos clave para las agroexportaciones, como el arándano, la uva y el mango. El ministro Marco Vinelli indicó que en algunos casos la baja podría alcanzar entre un 10% y un 15%, mientras que en otros, como el mango, podría superar el 30%. A pesar de estas presiones, las exportaciones agrícolas aún registran un crecimiento de entre 2% y 3% en valor al cierre de 2026, impulsado por precios altos en el mercado internacional. Este resultado sugiere que, aunque la producción se vea afectada, el sector aún mantiene capacidad de respuesta en el ámbito de ventas.
En cuanto a los productos para el consumo local, el Ministro Vinelli destacó que no existe actualmente desabastecimiento, aunque sí se observa un incremento en los precios. Esta situación se debe a factores externos como la escasez de insumos y la demanda elevada, pero no se ha identificado aún cuáles productos podrían verse más afectados. El plan de intervención del Gobierno, que contempla el apoyo a zonas como Pucallpa y Ucayali, no abarcará todos los 1.700 puntos críticos identificados por el fenómeno, lo que implica una gestión selectiva de recursos.
Para el lector peruano, este escenario clima-agro representa una realidad con implicaciones directas en el día a día. Las familias que dependen de cultivos locales enfrentarán fluctuaciones en precios, mientras que las pequeñas y medianas empresas agrícolas podrían ver reducidos sus márgenes. Aunque el crecimiento de exportaciones se mantiene positivo, la vulnerabilidad de la cadena productiva exige que los consumidores estén atentos a los mercados y que los productores accedan a apoyos específicos. La preparación anticipada, junto con políticas públicas que fortalezcan la resiliencia agrícola, será clave para mitigar el impacto en las comunidades rurales y en el mercado interno.
