Según CNBC Markets, el evento de fútbol más grande del mundo no solo atrae a millones de espectadores, sino que también desencadena una explosión en el gasto publicitario, superando incluso los niveles de los años anteriores. El presupuesto global para anuncios durante el Mundial de 2026, organizado en ciudades de Estados Unidos, Canadá y México, se estima en 10.500 millones de dólares. Este monto se sitúa justo por debajo del registrado en 2018, cuando el torneo se celebró en Rusia, con un gasto total de 12.600 millones. El incremento fue notable: según Sensor Tower, el gasto publicitario creció un 42 por ciento de semana en semana en las semanas previas al primer partido. Buc-ee’s, Taco Bell y Levi Strauss & Co. destacan entre las marcas que han aprovechado el escenario, no como patrocinadores oficiales, sino mediante estrategias de comunicación innovadoras.
Mientras que las compañías oficiales como Adidas, Coca-Cola o Qatar Airways ocupan espacios prominentes, otras han logrado captar atención gracias a campañas creativas. Taco Bell, por ejemplo, lanzó productos temporales y mensajes adaptados a la emoción del partido, mientras que McDonald’s introdujo menús especiales. Duracell y Buc-ee’s también incrementaron su inversión en publicidad, aunque las principales empresas que lideran el gasto en los últimos tres meses siguen siendo patrocinadores o socios de transmisión del evento. Lo que resalta es que, según Meltwater, las colaboraciones de marcas no oficiales generaron casi el doble de interacción que las campañas oficiales: 61 millones de interacciones frente a apenas 33 millones. Aunque las publicidades patrocinadas dominan en volumen y calidad visual, el impacto emocional de las iniciativas no oficiales ha impulsado su alcance entre los usuarios.
Para los inversionistas y consumidores peruanos, este fenómeno revela un patrón clave: el fútbol no solo es un deporte, sino un motor de consumo. Las marcas que logran conectar emocionalmente con públicos internacionales —incluso sin estar asociadas oficialmente al evento— pueden ver un crecimiento significativo en su participación. En un mercado como el peruano, donde el fútbol es un referente cultural, este tipo de estrategias puede servir como modelo para otras industrias. Las empresas que invierten en narrativas cercanas a los valores de la comunidad, como la pasión, la comunidad y el esfuerzo, no solo logran visibilidad, sino que también fortalecen su identidad. El Mundial no solo impulsa el deporte, también abre puertas a nuevas formas de comercialización, donde el contenido emocional supera la simple publicidad tradicional.
