Segun Harvard Business Review, durante casi dos décadas las empresas operaron en un entorno donde el costo de financiar sus operaciones era extremadamente bajo. Tras la crisis financiera global de 2008, las autoridades centrales redujeron las tasas de interés a niveles históricos y, mediante programas de expansión cuantitativa, inyectaron enormes volúmenes de liquidez en los mercados. Entre 2008 y 2020, el costo real de endeudamiento, ajustado por la inflación, se mantuvo en niveles por debajo o cercanos a la tasa de inflación. En términos prácticos, para muchas grandes empresas, el dinero prestado se volvió prácticamente gratuito en poder adquisitivo.
Este escenario generó un cambio profundo en la forma en que los directivos gestionaban sus inversiones. Las decisiones de financiamiento se volvieron menos rigurosas, con una tendencia a priorizar el crecimiento de capital sin necesariamente evaluar el retorno esperado. La falta de costo de capital hizo que la inversión en proyectos de baja rentabilidad o con alto riesgo fuera atractiva, pues los costos de financiamiento no eran un obstáculo significativo. La disciplina financiera, que en épocas anteriores requería análisis exhaustivos de rentabilidad, se debilitó en favor de una mentalidad de expansión rápida.
Hoy, ese entorno cambia. Las tasas de interés se han recuperado, y el costo real de endeudarse ha aumentado. Esto implica que las empresas deben volver a evaluar con precisión cada inversión, ya que ahora cada peso prestado tiene un costo real que debe ser contado. La reevaluación del uso del capital no es solo una cuestión de eficiencia, sino de sostenibilidad. Las decisiones deben basarse en datos reales, en el valor generado, y en la capacidad de retorno a largo plazo, no en la ausencia de costos.
Para los inversores y emprendedores peruanos, este cambio es especialmente relevante. El mercado peruano, que ha crecido fuertemente en las últimas décadas, ha visto una expansión de créditos a empresas medianas y pequeñas. Sin embargo, si las tasas de interés se mantienen estables o aumentan, el costo de financiamiento real subirá. Esto puede afectar la viabilidad de proyectos que antes eran viables por la baja tasa de costo. Los dueños de empresas, especialmente en sectores como manufactura, servicios o comercio, deben reestructurar sus planes financieros para incluir escenarios de mayor costo de capital. No es solo una cuestión de ajuste, sino de reinventar la forma en que se toman decisiones de inversión.
Además, el entorno actual exige una mayor transparencia en los estados financieros. Los inversores no pueden depender de que los costos de capital sean “bajos” para justificar un proyecto. Cada inversión debe estar respaldada por un análisis de rentabilidad real, considerando el tiempo de recuperación, el riesgo y el impacto en el flujo de caja. En un contexto donde el dinero ya no es gratuito, la disciplina financiera vuelve a ser el pilar central del crecimiento sostenido.
Este nuevo escenario no es una amenaza, sino una oportunidad para que las empresas peruanas redefinan su modelo de gestión. Si se adaptan con visión estratégica, pueden transformar la presión de costo en un motor de innovación y eficiencia real.
