Según Forbes Business, el consumo de matcha en Estados Unidos ha registrado un notable aumento, con los consumidores dispuestos a pagar entre 5 y 8,50 dólares por una bebida. Este fenómeno también se evidencia en los datos de exportaciones japonesas: en 2025, el valor de las exportaciones de té japonés alcanzó 72.100 millones de yenes (equivalente a 452 millones de dólares), lo que representa un incremento del 98% respecto al año anterior. Los Estados Unidos representaron el 35% de esas exportaciones, y dentro de ellas, el matcha constituyó el 85% del volumen exportado a América del Norte.
La forma en que se consume el matcha en el país —como latte frío o caliente con leche de soja o almendras— ha sido clave para su aceptación. Estas versiones, que combinan el sabor del té con elementos familiares, han permitido que el producto se integre sin obstáculos en las preferencias de los consumidores. La intensa coloración verde del matcha también ha impulsado su visibilidad en redes sociales, facilitando su difusión y reconocimiento. Este proceso de adaptación, en el que un producto extranjero se transforma en algo cercano al consumo local, ha sido repetido en el caso del sushi. En California, por ejemplo, el roll de californi y otros formatos adaptados ayudaron a introducir la cocina japonesa a una audiencia amplia. Hoy, el sushi es una opción consolidada en las mesas estadounidenses, mientras que las versiones tradicionales como el edomae siguen siendo apreciadas por un segmento más especializado.
El consumo de matcha en forma de latte oculta importantes cualidades del producto original. Al mezclarse con leche y azúcar, el sabor se diluye, y se pierden los aromas vegetales, el equilibrio entre amargor y sabor umami que definen el té tradicional. Al preparar el matcha directamente con agua caliente, se desarrolla una textura cremosa, con capas de sabor que incluyen frescura, dulzura natural, intensidad saborosa y un ligero amargo. Estas características, aunque presentes, no son fácilmente perceptibles cuando el té está envasado en bebidas elaboradas. Aunque el proceso de preparación sea sencillo, la experiencia puede resultar inesperada para quienes están acostumbrados a versiones dulces y cremosas.
Para los peruanos, este escenario ofrece una reflexión importante. El mercado local de bebidas saludables y culturales está en pleno crecimiento, y el matcha podría ser una oportunidad para diversificar la oferta. Si bien el producto ya está presente en tiendas especializadas, su consumo tradicional —como el té en forma de infusiones— podría ser impulsado mediante educación y experiencias sensoriales. En un país donde el consumo de productos naturales y de origen se ha consolidado, el matcha podría convertirse en un símbolo de la conexión entre tradiciones alimenticias y tendencias globales, siempre que se promueva su valor original, más allá de la versión procesada y dulcificada.
