Segun ECB Press (Banco Central Europeo), la presidenta de la Autoridad Europea de Banca, Christine Lagarde, destacó en una conferencia en Épreville-en-Lieuvin, Francia, el 12 de septiembre de 2026, la importancia de las regiones locales como base para el desarrollo europeo. En su discurso durante la Fête de la Pomme, Lagarde recordó sus raíces en Normandía, entre el puerto de Le Havre y el valle de Caux, y subrayó que su identidad se construye en armonía entre lo local, lo francés y lo europeo. Para ella, la integración europea no implica sacrificar lo particular, sino ampliarlo, creando espacios donde las particularidades regionales encuentren apoyo estructural.
La región de Calvados, reconocida por sus huertos y tradiciones agrícolas, ejemplifica esta dinámica. En 2022, las pequeñas empresas locales exportaron productos que representaron casi el 10 por ciento del PIB regional, cifra superior al promedio nacional. Los Estados Unidos constituyeron su principal mercado externo. Este desempeño no es fruto del aislamiento regional, sino de la capacidad de las empresas para acceder a mercados más amplios. La Unión Europea, en este sentido, contribuye al bienestar de estas economías mediante tres mecanismos clave: primero, al ofrecer un mercado interno de gran tamaño; segundo, al fomentar la cooperación entre regiones; y tercero, al garantizar que las comunidades locales no se vean obligadas a migrar en busca de oportunidades.
En el año anterior, casi la mitad de la producción de Calvados fue comercializada fuera de la región. Este dato refleja la interdependencia entre economías locales y el mercado europeo. Los productos regionales no solo se venden dentro de fronteras, sino que se posicionan como símbolos de identidad y calidad. La integración europea, por tanto, no es solo una política económica, sino un proceso de fortalecimiento de identidades locales. A través de políticas que priorizan el desarrollo regional, el bloque europeo permite que las comunidades mantengan su estructura social y económica, sin depender exclusivamente de mercados externos.
Para el lector peruano, este escenario ofrece una reflexión clave. Aunque el Perú no pertenece a la UE, su economía también depende de la integración regional. Las exportaciones de productos como el cacao, el lentejo o la cebada, que representan más del 10 por ciento del PIB agrícola, se dirigen a mercados internacionales. Sin embargo, el desarrollo sostenible de estas industrias requiere que el país fortalezca sus cadenas de valor locales, como lo hace Normandía. El ejemplo europeo sugiere que las políticas públicas deben priorizar el crecimiento interno, no solo la apertura al exterior. Así, al reforzar las capacidades regionales —como las huertas de Calvados—, se construye una base más resiliente para el crecimiento económico, independientemente de las fluctuaciones globales.
