Según arXiv q-fin, un modelo estructural dinámico revela que las respuestas de los mercados de crédito ante perturbaciones en el financiamiento varían drásticamente entre países, no por su intensidad sino por la capacidad que tienen las instituciones para mantener préstamos. Este análisis emplea datos de supervisión de bancos y cooperativas en Estados Unidos y Brasil entre 2002 y 2025, identificando la dimensión real de la capacidad crediticia a nivel institucional durante crisis clave. Los resultados muestran que la capacidad crediticia en Estados Unidos es tres a seis veces mayor que en Brasil, aunque el grado de persistencia en la respuesta de las instituciones es comparable entre ambos países. Esto implica que, frente a una misma perturbación financiera, los bancos brasileños reducen significativamente su crédito, y esos efectos se mantienen más tiempo que en Estados Unidos.
La magnitud de la contracción crediticia en Brasil es casi tres veces mayor que en Estados Unidos, lo que subraya una vulnerabilidad estructural en el sistema financiero del país sudamericano. Los autores destacan que, aunque la persistencia de la respuesta es similar, es la base inicial de la capacidad crediticia la que más influye en cómo se propagan las crisis. Un escenario contrario —donde el sistema inicialmente posea más capacidad— permite una recuperación más rápida y una menor propagación de impactos. Este hallazgo desmonta la idea de que la severidad de la crisis determine la respuesta, y muestra que las condiciones institucionales de partida son el factor clave.
Para los lectores peruanos, este estudio ofrece una mirada crítica sobre la estructura del sistema financiero nacional. Si bien el Perú ha fortalecido su regulación bancaria en los últimos años, la capacidad inicial de los bancos para prestar y mantener líneas de crédito aún podría ser limitada en comparación con países como Estados Unidos. Esto podría explicar, en parte, la sensibilidad del sistema peruano ante shocks financieros, como los eventos de 2020 o las volatilidades recientes del mercado de capitales. La evidencia sugiere que no basta con tener mecanismos de intervención; se requiere también una base sólida de capacidad crediticia institucional que permita amortiguar perturbaciones sin necesidad de intervenciones estatales extensas.
En un contexto de inflación, desempleo y fluctuaciones económicas, comprender cómo la capacidad de crédito se mantiene en el tiempo es clave para diseñar políticas que protejan a los hogares y a las pymes. El caso de Brasil, con su menor capacidad crediticia, ilustra que incluso una respuesta similar en la duración puede generar efectos mucho más profundos. Para el Perú, esto significa que la inversión en fortalecer la capacidad de prestar de los bancos —no solo en número de operaciones, sino en calidad y cobertura— debe ser una prioridad. La estabilidad financiera no depende solo de la regulación, sino de la estructura interna de los entes que operan en el sistema.