Segun CNBC Markets, el grado en que las familias estadounidenses cumplen con sus pagos de deuda se deterioró en los últimos tres años, alcanzando niveles no observados desde la fase posterior a la crisis financiera global de 2007-2009. Este dato emerge del informe del Federal Reserve sobre el Estado de Finanzas de los Consumidores, publicado cada tres años. El estudio revela que, aunque las brechas de riqueza entre grupos sociales se redujeron ligeramente, la capacidad de las familias para mantener sus obligaciones financieras disminuyó de forma significativa. A finales de 2025, el porcentaje de hogares que se encontraban retrasados en sus pagos pasó de 12% a casi 20%, lo que representa un incremento de 67 puntos porcentuales. En paralelo, el grupo de familias que se retrasan por dos meses o más creció de 5% en 2022 a más del 8%.
Mientras que los ingresos reales medianos de las familias aumentaron en 7%, el ingreso promedio descendió en 6%. Este contraste evidencia una distribución de ingresos más equilibrada en términos de medias, aunque no en términos de calidad de vida. El patrón muestra que las familias de bajos ingresos experimentaron una mejora moderada en sus niveles económicos, mientras que aquellas en los estratos superiores registraron una disminución en sus ingresos. A pesar de este cambio, el net worth promedio de los ingresos más altos aumentó 31%, indicando una concentración de riqueza en el sector superior. Además, el porcentaje de hogares con ratios de deuda sobre ingresos superiores al 40% se elevó a 8.6%, un avance respecto a los 6.5% del año anterior y el mayor nivel registrado desde 2013.
El entorno económico, aunque con crecimiento sostenido, se caracterizó por tasas de inflación similares a las registradas en la década de 1980, lo que generó presión sobre el poder adquisitivo. Esta realidad ha impactado de forma desigual, especialmente en segmentos vulnerables. Las familias más pobres, aunque han recibido estímulos económicos, aún enfrentan dificultades para mantener sus obligaciones. La disminución del ingreso promedio en los estratos altos, junto con el aumento de deuda, plantea riesgos de inestabilidad en el sistema financiero familiar.
Para los peruanos, este escenario ofrece una reflexión clave: aunque el crecimiento económico en el país ha sido constante, la distribución de ingresos y la carga de deuda pueden no seguir una misma trayectoria. En un contexto donde la inflación y los costos de vida aumentan, la capacidad de las familias para cubrir sus deudas puede verse comprometida. Es fundamental que los ciudadanos evalúen sus finanzas personales, revisen sus ratios de deuda, y consideren estrategias de ahorro y planificación financiera más rigurosas. La experiencia estadounidense sirve como advertencia: el crecimiento económico no garantiza equidad ni estabilidad en el acceso a recursos básicos.
