Segun CNBC Markets, una jueza de la Corte de Bankruptcy de Estados Unidos, Sarah Sharer Curley, describió en su libro "The Price of Forgiveness: Debt, Bankruptcy, and the Future of Fairness in America" una historia particularmente dolorosa: una mujer de 73 años que presentó una deuda estudiantil superior a los $584,000 en 2012. La deuda, originada en los años 70, creció durante su carrera en el sector público, mientras que su ingreso se mantuvo bajo. A su momento de solicitud de alivio financiero, vivía en condiciones de pobreza, dependiendo únicamente de su pensión por seguro social. A pesar de su situación, el sistema legal estadounidense no permite la eliminación de estas deudas, incluso cuando el individuo ha asumido riesgos significativos por estudios superiores. Curley, la primera mujer designada en el Tribunal de Bankruptcy del Distrito de Arizona, señaló que el sistema financiero permite que las instituciones tomen riesgos extremos, mientras que el individuo no puede ser perdonado por haber elegido una formación académica.
El aumento en los casos de bancarrota personal en Estados Unidos evidencia una tendencia creciente: en 2025, más de 500 mil personas presentaron solicitudes de bancarrota, lo que representa un aumento del 49% respecto al periodo anterior de tres años. Este crecimiento refleja la frecuencia con que las personas enfrentan eventos imprevistos: enfermedades, pérdida de empleo, crisis económicas o cambios en el ingreso familiar. La estructura legal actual, sin embargo, no ofrece soluciones flexibles para estos escenarios, especialmente en el caso de deudas estudiantiles, que se mantienen como un obstáculo insalvable.
Para los peruanos, este panorama tiene implicaciones directas. Muchos jóvenes y adultos que ingresan al mercado laboral enfrentan altas deudas por estudios superiores, muchas veces sin una planificación financiera adecuada. Aunque el sistema peruano aún no contempla una política de reembolso o eliminación de deudas estudiantiles, el crecimiento de casos de bancarrota en el país —aunque no oficialmente reportado— sugiere que las condiciones de vida de muchos están siendo afectadas por cargas financieras que no se ajustan a sus ingresos reales. El caso de la mujer estadounidense no es un aislamiento, sino un síntoma de un sistema que, en muchos países, incluido el Perú, aún no ha logrado equilibrar el acceso a la educación con la capacidad de recuperación financiera.
El análisis indica que, para una sociedad en desarrollo, es urgente revisar las políticas que regulan las deudas educativas. Si el sistema permite que las instituciones financieren estudios a alto costo, debe también garantizar mecanismos de protección para quienes, al final, no pueden mantenerse en el sistema. En el Perú, donde el acceso a la educación es clave para el crecimiento social, una reforma en este sentido podría ser un paso fundamental hacia una justicia financiera más inclusiva.
