Según Gestión, el mercado nacional de gas licuado de petróleo (GLP) experimenta un crecimiento sostenido en consumo, a pesar de una contracción en la producción local. Este indicador se mantiene en un nivel crítico, especialmente considerando que más del 40% de la demanda de GLP debe ser cubierta por importaciones. El Ministerio de Energía y Minas (Minem) reporta que, hasta finales de 2025, la demanda promedio diaria de GLP alcanzó 71,000 barriles (bpd). En 2026, la Gerencia de Políticas y Análisis Económico (GPAE) de Osinergmin indica que la demanda ha aumentado un 7% respecto a ese año, reflejando una tendencia que se mantiene a pesar de una caída registrada en marzo. Esa disminución se debe a la rotura del gasoducto de Transportadora de Gas del Perú (TGP), que interrumpió el transporte de líquidos de gas natural provenientes de Camisea, un recurso clave para la producción de GLP.
La oferta nacional de líquidos de gas natural, principal insumo para la fabricación de GLP, ha mostrado una reducción significativa. El último informe de Perupetro indica que en abril de 2026, la producción promedio diaria alcanzó 55,704 bpd, una caída del 14% en comparación con el mismo periodo del año anterior. En el primer trimestre de 2026, el promedio anual de producción registró 63,093 bpd, lo cual representa una disminución de 12.33% en relación con el mismo periodo del 2025 (71,973 bpd). Esta contracción en la producción local pone en evidencia una brecha creciente entre la demanda nacional y la capacidad de generación interna.
El contexto peruano es particularmente sensible a este escenario. Desde 2009, el crecimiento del consumo de GLP ha superado la capacidad de refinación del país, lo que ha obligado a incrementar las importaciones. Hoy, el país depende de mercados internacionales para mantener la oferta, lo que introduce vulnerabilidad ante fluctuaciones del precio global y cortes en la infraestructura. Para los hogares y el sector automotriz, que consumen el 58% y el 20% de ese combustible respectivamente, el aumento de costos o interrupciones en el suministro pueden impactar directamente sus gastos operativos. Además, la dependencia de importaciones exacerba la exposición al riesgo de interrupciones en el suministro, especialmente en momentos de inestabilidad política o en el contexto de tensiones regionales, como las que afectan al Oriente Medio, donde el petróleo sigue siendo un eje clave de la economía global.
Este panorama evidencia que, a pesar de la demanda creciente, el Perú debe fortalecer su capacidad de producción de GLP y reforzar la sostenibilidad de su cadena de suministro. Sin políticas que impulsen la modernización de infraestructuras y la eficiencia de los procesos de refinación, la dependencia externa seguirá creciendo, generando riesgos estructurales para la estabilidad energética del país.
