Segun Forbes Business, la idea de The Escape Game nació durante una visita familiar a Londres en 2014. Mark Flint, entonces, estaba organizando el itinerario de una familia de 10 a 11 personas, incluyendo a su esposa y a sus hijos de 13 y 15 años. Entre las actividades propuestas, el escape room emergía constantemente como la opción número uno en los rankings de TripAdvisor. A pesar de que el concepto era nuevo para él, Flint decidió actuar sin consultar a nadie. Compró y pagó anticipadamente el ingreso a una sesión, una decisión que transformó su experiencia en una revelación significativa. Durante esa hora, todos los miembros de la familia participaron activamente en un juego que combinaba tensión, resolución de enigmas y descubrimientos inmediatos. Aunque el espacio era rudimentario en comparación con lo que hoy ofrece el negocio, el impacto emocional fue profundo. No solo fue un momento de diversión, sino también una experiencia compartida que reforzó el interés colectivo en actividades interactivas y de alto atractivo.
Desde ese punto, Flint fundó The Escape Game en 2014. Hoy, la empresa opera aproximadamente 60 instalaciones propiedad de corporaciones y ha acumulado más de 400.000 reseñas de cinco estrellas. En 2024, destinó más de 40 millones de dólares en expansión, modernización de centros y construcción de un almacén de 82.000 pies cuadrados para fabricar todos los escenarios y objetos internamente. Además, lanzó una segunda marca, manteniendo la estrategia de no franquiciar ninguna unidad. Este enfoque de control total sobre la calidad y experiencia del cliente ha sido clave para su crecimiento sostenido.
Para los lectores peruanos, este caso ofrece una lección clave sobre la importancia de las experiencias tangibles y compartidas. En un contexto donde las actividades recreativas suelen ser estáticas o repetitivas, el modelo de The Escape Game demuestra cómo una simple decisión, impulsada por el interés colectivo, puede convertirse en un negocio escalable. Los peruanos, especialmente en ciudades como Lima o Cusco, enfrentan una demanda creciente por experiencias que mezclen entretenimiento, participación y conexión humana. Aunque aún no existen instalaciones de escape rooms en el país, el crecimiento global de este tipo de actividades sugiere que, en el futuro, podrían surgir modelos similares que se adapten al entorno local. La clave está en identificar momentos cotidianos que puedan transformarse en experiencias significativas, como el viaje familiar, la visita a un museo o una jornada de campo. El éxito no radica solo en la innovación, sino en la capacidad de conectar con lo que realmente importa: el tiempo compartido en momentos reales.
