Segun BEA Wire (US Bureau Econ. Analysis), la forma en que se clasifica el uso de datos en los cálculos del producto interno bruto (PIB) está pasando por una transformación clave. Hasta hace poco, los economistas consideraban que los gastos por recopilar y almacenar información interna —como los datos generados por sensores en maquinaria— eran gastos operativos, no inversiones. Sin embargo, las nuevas directrices internacionales ahora recomiendan tratar tales gastos como inversiones, alineándose con la forma en que se valora el capital tradicional, como tractores o maquinarias.
Este cambio implica que ciertos tipos de datos, especialmente aquellos que se emplean de forma continua y repetida durante más de un año, sean clasificados como activos producidos. Por ejemplo, una fábrica que invierte en sensores para monitorear su producción no solo obtiene información en tiempo real, sino que utiliza esos datos para prevenir fallos mecánicos, optimizar procesos y garantizar la calidad de sus productos. Así como un tractor sirve durante años para cosechar cultivos, los datos de sensores pueden ser utilizados durante múltiples ciclos de producción, generando beneficios sostenidos.
La economía tradicional ha siempre valorado el capital como un recurso que genera ingresos a largo plazo. Al aplicar este principio a los datos, se reconoce que su uso no es pasajero, sino estructural. El hecho de que los datos permitan reducir paradas imprevistas, mejorar la eficiencia y mantener el control de calidad en procesos industriales, los convierte en un componente clave del valor de la empresa. Este enfoque no solo refleja la realidad operativa, sino que también permite a las empresas presentar un mejor retrato de su capacidad de crecimiento y sostenibilidad.
Para los lectores peruanos, este ajuste en la contabilidad económica tiene implicaciones prácticas. En un contexto donde el sector manufacturero y la tecnología están creciendo, empresas que integran sistemas de monitoreo en sus operaciones podrían ver sus inversiones en datos reconocidas como activos, no como costos. Esto podría afectar la forma en que se evalúan sus estados financieros, y en última instancia, influir en decisiones de inversión. Además, al entender que los datos pueden generar retornos a largo plazo, se abre la posibilidad de que más pymes y empresas de mediana escala inviertan en tecnologías digitales, no solo por su utilidad operativa, sino también por el valor que pueden obtener en sus estados financieros.
Este cambio no es solo teórico. Es una adaptación al mundo real, donde la información ya no se considera un simple registro, sino un recurso estratégico. En el Perú, donde la transformación digital avanza rápidamente en sectores como la agricultura y la industria, reconocer los datos como activos podría acelerar el crecimiento sostenible de las empresas locales.