Segun Bloomberg Línea, los mecanismos que hasta ahora han mitigado el impacto del conflicto en Medio Oriente sobre los precios del petróleo están perdiendo eficacia, según alertan los expertos del Fondo Monetario Internacional. A pesar de que el escenario inicial de interrupción de suministros —que afectó casi 20 millones de barriles diarios por el estrecho de Ormuz— generó una perturbación sin precedentes, el mercado no registró un aumento espectacular en los precios. Este escenario se sostuvo gracias a tres factores clave, que ahora se están agotando.
Antes del estallido del conflicto, el mercado global mostraba una oferta superior a la demanda en aproximadamente dos millones de barriles diarios. Esta diferencia inicial permitió una adaptación gradual al recorte de suministro. En paralelo, la demanda global se redujo notablemente, especialmente en Asia, donde el aumento de precios estimuló un giro hacia fuentes energéticas alternativas como el carbón y las energías renovables. Además, los almacenes del sector mostraron un nivel elevado de existencias, acumuladas en los primeros meses del año, que sirvieron como buffer frente a la escasez. Hasta finales de mayo, más de 1.100 millones de barriles de crudo, lo que equivale a diez días de consumo mundial, se mantuvieron fuera de la oferta global.
El informe del FMI señala que, en teoría, una interrupción de esa magnitud debería haber desencadenado una subida drástica en los precios del petróleo. Sin embargo, en los primeros meses del conflicto, múltiples variables funcionaron como contrapesos. El margen de maniobra que el mercado tenía para absorber la crisis se ha reducido rápidamente. Los analistas Jean-Marc Natal y Azim Sadikov indican que ya se han consumido casi todos los elementos que permitieron estabilizar el precio en un rango entre 90 y 100 dólares por barril.
Para el lector peruano, este panorama es relevante porque el petróleo influye directamente en los costos de transporte, energía eléctrica y producción industrial. Si el precio del crudo aumenta de forma sostenida, podría traducirse en mayores cargas para el sector de servicios y comercio. Además, el país, que depende en parte de importaciones de combustibles, podría enfrentar una presión adicional en sus gastos públicos y privados. La estabilidad del mercado petrolero, por tanto, no solo es una cuestión de precios, sino de sostenibilidad económica en el día a día. El riesgo de un escalado en los precios debe ser vigilado, especialmente en contextos de inflación ya elevada.
El panorama actual sugiere que, si el conflicto continúa sin resolución, el mercado podría enfrentar una nueva fase de volatilidad. Los indicadores de oferta y demanda, junto con los niveles de inventario, seguirán siendo claves para evaluar el futuro del mercado. Perú, al igual que otros países, debe estar atento a cómo estos cambios se reflejan en su economía real.
