Según CNBC Markets, el alza en los costos de memoria para dispositivos electrónicos ha generado tensiones en el sector de bienes de consumo, especialmente en pequeñas empresas que operan con márgenes reducidos. Un caso emblemático es Mono Technologies, fundada en 2024 por Tomaž Zaman, que ha visto su costo de producción de un kit de router de $600 aumentar drásticamente. Inicialmente, el precio de 8 gigabytes de DRAM de Micron era de $35, pero hoy se sitúa en $300. Esta variación ha impactado directamente la viabilidad de producir y comercializar su producto, que ya cuenta con cerca de 1.000 unidades entregadas y 1.300 clientes que han depositado $100 para una nueva producción.
La situación de Mono no es aislada. La demanda aguda de memoria, impulsada por el crecimiento de inteligencia artificial, ha hecho que fabricantes como Nvidia absorban cantidades masivas de componentes. Esto ha provocado una escasez global en materiales clave, afectando a productos que van desde tablets hasta consolas de videojuegos. Aunque empresas líderes como Apple y Microsoft han anunciado ajustes en precios, su capacidad financiera y su influencia de mercado les permite mantener estabilidad. En contraste, startups y empresas medianas enfrentan una realidad más crítica: carecen de margen para incrementar precios sin desincentivar a sus consumidores.
En el contexto peruano, este escenario revela una vulnerabilidad estructural en el sector de productos tecnológicos locales. Muchas empresas de innovación que operan en el mercado peruano, especialmente aquellas dedicadas a soluciones digitales o conectividad, dependen de componentes importados. Si las cadenas de suministro internacionales se ven afectadas por crisis de oferta, el costo de producción subirá, lo que podría desincentivar inversiones en nuevas tecnologías. Además, en un entorno económico donde la inflación ya presiona los precios de bienes básicos, cualquier aumento en costos de insumos puede traducirse en una pérdida de competitividad o en la suspensión de proyectos.
Para los consumidores peruanos, esto significa que los productos tecnológicos que hoy adquieren a precios accesibles podrían verse sometidos a cambios imprevistos. Aunque la demanda de conectividad y dispositivos digitales crece, la fragilidad de las cadenas de suministro global puede acelerar el paso de precios que, aunque no son directamente percibidos, afectan el costo final de los bienes. La clave para mitigar este riesgo reside en fomentar la diversificación de proveedores, la inversión en investigación local y la creación de políticas que apoyen a empresas de tecnología emergentes. Solo así se puede construir una industria más resiliente frente a perturbaciones globales.
