Según Bloomberg Línea, las marcas coreanas de productos para la piel están consolidándose en el mercado brasileño, pasando de las redes sociales a los estantes de farmacias. Este avance se produce en medio de una contracción en las ventas de marcas de lujo tradicionales, que en el primer semestre de 2026 perdieron casi un 10% de sus ingresos en el sector de belleza de prestigio. La consultora Circana reportó que, durante el mismo periodo, la facturación de las marcas surcoreanas creció un 67% en el canal minorista. Paralelamente, un segmento integrado que incluye productos asiáticos, formulaciones naturales y plataformas digitales brasileñas experimentó un crecimiento del 50%.
La empresa farmacéutica Cimed lanzó una línea denominada Mili, compuesta por siete productos que utilizan exosomas, partículas derivadas de células empleadas en la regeneración cutánea. Los precios de estos productos varían entre R$100 (US$19,88) y R$200 (US$39,77), con una proyección de facturación de R$150 millones (US$29,83 millones) en su primer año de operación. Para promover esta línea, Cimed envió una delegación de más de 200 personas a Seúl, con representantes de cadenas que juntas representan alrededor del 60% del total de farmacias del país. La cadena Nissei, por su parte, comenzó a vender 31 productos de la marca Prettyskin, originaria de Seúl, en su tienda física en la avenida Paulista y en su plataforma online. Esta marca ha operado en el mercado coreano desde hace diez años.
Las exportaciones de cosméticos surcoreanos a Brasil alcanzaron US$54,36 millones en 2025. Este crecimiento no solo refleja una demanda creciente, sino también una transformación en los hábitos de compra. Los consumidores brasileños, especialmente en ciudades como São Paulo y Rio de Janeiro, están mostrando preferencia por productos que combinan tecnología avanzada y accesibilidad. Esta evolución se alinea con tendencias globales de consumo, donde la transparencia de ingredientes, la eficiencia y la experiencia digital influyen en las decisiones de compra.
Para los peruanos, este escenario indica que el mercado de belleza global está dejando de lado las exclusividades tradicionales y se orienta hacia soluciones tecnológicas y accesibles. Aunque el Perú aún no registra niveles similares de integración de marcas asiáticas en su cadena de distribución, el crecimiento de las plataformas digitales y la difusión de contenidos en redes sociales sugieren que el mismo proceso podría ocurrir aquí. La clave, en este contexto, no está en el lujo, sino en la capacidad de ofrecer productos que respondan a necesidades reales, con evidencia científica y precios asequibles. Esto implica que, independientemente de la geografía, los consumidores están buscando valor, no solo prestigio.
