Segun Forbes Business, la evolución del Mundial de Fútbol ha trascendido las fronteras del Norte y del Sur del mundo, desplazando gradualmente su centro de gravedad hacia regiones del Sur global. Desde que la última edición se celebró en Estados Unidos en 1994, el torneo ha dejado de ser un evento exclusivo de Europa y América del Sur. En 2002, Japón y Corea del Sur acogieron la competencia, y en 2010, Sudáfrica marcó un hito al convertirse en sede de la primera Copa en África. Este cambio de paradigma se intensificó en 2022, cuando Qatar, en el Medio Oriente, se convirtió en la primera nación de esa región en organizar el evento, tras una postura inicialmente controvertida al ser seleccionada en 2010. Para el año 2030, el torneo celebrará su centenario, con más de treinta partidos programados en Marruecos, Portugal y España. El próximo anfitrión, en 2034, será Arabia Saudita, que ganó el derecho mediante votación directa en diciembre de 2024, sin oposición.
La estrategia de FIFA de hacer el fútbol "auténticamente global, accesible e inclusivo" encuentra en esta expansión una justificación clara. En el Magreb y en el Golfo Pérsico, el fútbol no solo es un entretenimiento, sino una fuente de identidad colectiva. En Marruecos y Arabia Saudita, las audiencias son masivas y el apoyo a los equipos es intenso. Aunque Qatar ha sido criticado por su escasa tradición deportiva, investigadores han documentado una pasión auténtica en sus comunidades desde hace más de seis décadas. Este interés masivo no solo alimenta la cultura, sino que también genera un potencial significativo en el ámbito económico.
Para los inversores y aficionados peruanos, este movimiento tiene un impacto directo. El fútbol, como industria, ya no se limita a las grandes ligas de Europa o América del Sur. Los modelos de negocio en regiones emergentes, como el Medio Oriente, demuestran que el valor del deporte se multiplica en escenarios donde la audiencia es masiva y el acceso a contenidos es creciente. El crecimiento del fútbol en el sur global también abre puertas para alianzas comerciales, desarrollo de infraestructuras y nuevas fuentes de ingresos. En Perú, donde el fútbol es un pilar cultural y social, es relevante observar cómo una competencia global puede convertirse en un catalizador de desarrollo económico y de visibilidad internacional. Si bien el deporte no es una inversión directa en el sector financiero, su influencia en la comunicación, la turismo y las marcas lo posiciona como un activo estratégico que puede ser replicado en otros contextos. El mundo del fútbol está cambiando, y su evolución puede servir como ejemplo para otras industrias que buscan expandirse fuera de sus centros tradicionales.
