Según Gestión, el sector de construcción en Perú registró un avance significativo en el primer semestre de 2026, con una tasa de crecimiento que se sitúa en un 12%, según el Informe Económico de la Construcción (IEC) presentado por la Cámara Peruana de la Construcción (Capeco). A pesar de este impulso inicial, expertos prevén una desaceleración en los meses finales del año, debido al posible impacto de un fenómeno de El Niño fuerte o muy fuerte. El vicepresidente ejecutivo de Capeco, Guido Valdivia, señaló que las intensas precipitaciones asociadas al evento podrían provocar paralizaciones en la ejecución de obras, especialmente en regiones vulnerables. La situación se acentúa porque, en muchos casos, las intervenciones preventivas como el desarrollo de sistemas de drenaje o el tratamiento de cuencas altas aún no han sido iniciadas o completadas. Actualmente, solo se han implementado acciones limitadas como limpieza de cauces y protección de riberas, que no serían suficientes para enfrentar un escenario climático severo.
El riesgo de interrupciones en la ejecución de proyectos no solo afecta el calendario de entregas, sino que también compromete el cumplimiento de metas de inversión y desarrollo regional. Valdivia destacó que el margen de acción del gobierno actual está reducido, ya que muchas de las medidas preventivas deberían haberse ejecutado con anticipación. Aunque el plan de contingencia liderado por la presidenta Keiko Fujimori incluye acciones como la descolmatación de ríos, el fortalecimiento de defensas ribereñas, la asignación de maquinaria y el apoyo técnico a agricultores, estas medidas no pueden compensar la falta de preparación previa. La efectividad de estas acciones dependerá en gran medida de la magnitud y duración del fenómeno climático.
Para el lector peruano, este panorama revela una realidad donde el crecimiento económico en sectores clave como la construcción no es solo una cuestión de inversión, sino también de vulnerabilidad ante fenómenos naturales. La infraestructura en zonas rurales y costeras, muchas veces diseñada sin considerar escenarios climáticos extremos, enfrenta riesgos crecientes. En este contexto, la inversión pública debe reestructurarse para integrar planes de mitigación climática desde sus inicios. El caso de la construcción no es aislado: es un ejemplo de cómo las decisiones de desarrollo deben alinearse con la realidad climática del país. Si las obras no se reorganizan para incluir medidas de resiliencia, el impacto de eventos como El Niño podría generar una erosión sostenida de los avances económicos. El sector necesita no solo más recursos, sino también una visión estratégica que priorice la sostenibilidad frente a la rapidez de ejecución.
