Según Gestión, el sector de construcción en Lima registró un incremento del 10.91% en la primera mitad del 2026. Aunque al inicio el sector esperaba mantener esa dinámica hasta final de año, la intensificación del fenómeno de El Niño ha generado una desaceleración moderada en la proyección inicial. Las empresas especializadas en infraestructura, edificación y suministros, en promedio, anticipan un crecimiento del 9.6% para este año, cifra que se mantiene cercana a la estimación de junio (9.4%). Este nivel de optimismo contrasta con el informe del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), que en su Marco Macroeconómico Multianual (MMM) 2027-2030 establece una proyección de 8.5% para el 2026. Esta cifra representa un ajuste significativo desde el 5% registrado en abril, según el Informe de Actualización de Proyecciones Macroeconómicas (IAPM).
Los líderes del sector identifican el El Niño como el factor externo más crítico para sus operaciones en los próximos doce meses. Este riesgo afecta directamente la viabilidad de proyectos que dependen de condiciones climáticas estables, especialmente en zonas costeras. Además, se prevé un aumento de los precios del petróleo debido a tensiones en el Medio Oriente, lo que podría impactar los costos de materiales y transporte. A pesar de estas incertidumbres, el vicepresidente ejecutivo de la Cámara Peruana de la Construcción, Guido Valdivia, aseguró que no se espera una contracción en el sector al cierre del año. Sin embargo, recalca que alcanzar el 10% de crecimiento previsto inicialmente, sin considerar el efecto del FEN, es una posibilidad baja.
Para el lector peruano, este panorama revela una realidad donde el crecimiento en el sector inmobiliario, aunque robusto, está sujeto a fuerzas naturales y geopolíticas que no están bajo control. La intensificación de eventos climáticos extremos, como las lluvias intensas y los desbordamientos de ríos, pone en riesgo proyectos que se habían planificado con escenarios estables. Además, el impacto de los precios de los combustibles puede elevar los costos de producción, lo que podría afectar la viabilidad de nuevos desarrollos. En un contexto donde la vivienda sigue siendo un tema central de política pública, estas incertidumbres obligan a los inversores y consumidores a revisar sus expectativas. No solo se requiere mayor resiliencia en los planes de infraestructura, sino también una mejor adaptación a fenómenos climáticos que ya están presentes en el territorio nacional. El sector debe integrar en sus estrategias un análisis más proactivo de riesgos, para asegurar que el crecimiento no solo sea económico, sino también sostenible y resiliente.
