Según Yahoo Finance, los mercados accionarios han registrado, desde 1929, 27 ciclos de baja prolongada, cuyas pérdidas promedio han reducido al S&P 500 en un 35,2%, durante un periodo de 289 días. Esta cifra, extraída de datos del grupo de fondos Hartford, refleja la intensidad de las caídas que pueden afectar a los inversores. En el caso de los últimos doce ciclos, la firma CFRA, asociada a Charles Schwab, indica que el promedio de duración alcanzó 14 meses. Aunque los periodos varían, todos terminan, como lo han hecho los anteriores. Lo que no se puede ignorar es que, en el momento más difícil, el inversor debe mantener su exposición total a sus activos de calidad.
El caso de Nvidia en 2009 ilustra una señal rara: una señal de "doble apuesta" que activó una empresa de semiconductores poco conocida. Hoy, esa misma señal se vuelve visible en una empresa que tiene solo una centésima parte del tamaño de Nvidia. Este fenómeno sugiere que, incluso en momentos de baja, ciertos activos pueden mostrar señales de recuperación. Sin embargo, el verdadero desafío no está en identificar cuándo terminará una crisis, sino en mantener la disciplina durante su desarrollo. No se puede predecir con precisión cuándo se alcanzará el fondo, ni cuánto tiempo durará. Lo que sí se puede afirmar es que, históricamente, todas las crisis han finalizado, y que el mercado, en su esencia, siempre vuelve a subir.
Para el inversor peruano, este contexto es especialmente relevante. El mercado local, como el de Estados Unidos, ha vivido ciclos de caída que han afectado a inversiones en acciones, especialmente en sectores sensibles al entorno económico. En un contexto de inflación, tasas de interés altas o incertidumbre política, los inversores suelen retirarse de sus carteras. Sin embargo, la experiencia demuestra que, al mantener una posición sólida en activos de calidad, se puede evitar la pérdida de capital y aprovechar el retorno posterior. No se trata de esperar un momento perfecto para entrar, sino de mantener una estrategia basada en principios, no en emociones.
En el Perú, donde las fluctuaciones del mercado pueden ser más pronunciadas debido a la dependencia de sectores clave como la minería o la construcción, la capacidad de resistir caídas es clave. Invertir en empresas con sólidos fundamentos, como tecnológicas o de servicios, permite una mayor estabilidad. Aunque los resultados no se ven inmediatamente, el enfoque de mantener la exposición durante una crisis es una herramienta que, a largo plazo, protege el patrimonio y prepara el terreno para una recuperación. El mercado no se detiene, ni se vuelve inmutable. Lo que cambia es la percepción del inversor: de miedo a confianza.
