Según Gestión, los emprendedores suelen confundir el monto total de ventas con la verdadera rentabilidad de su negocio. Aunque las billeteras digitales como Yape, Plin o otras plataformas registren constantes movimientos, este flujo no necesariamente indica que el negocio esté en condiciones de cumplir sus obligaciones fiscales o laborales. Jorge Durand, coordinador académico de contabilidad y tributación del Instituto CERTUS, señala que la falta de capacidad para cubrir pagos a Sunat, a las planillas o a préstamos bancarios no es un error de gestión, sino una señal temprana de desequilibrio financiero interno.
La distinción entre ingresos y beneficios es clave. Ingresar dinero en una empresa no implica que ese capital esté disponible para inversiones o gastos operativos. Para evaluar con precisión el rendimiento real, se deben restar todos los costos directos y indirectos relacionados con la producción o el servicio ofrecido. Sin esta corrección, los datos pueden engañar, mostrando una situación financiera más sólida de lo que realmente es. Este error es especialmente común en pequeñas empresas que no cuentan con sistemas de control contable estructurados.
Otro punto crítico es la mezcla entre el patrimonio personal y el empresarial. El hecho de que un propietario use fondos personales para cubrir gastos del negocio, incluso cuando opera bajo una estructura societaria, puede distorsionar los resultados oficiales. Este tipo de práctica no solo compromete la solvencia de la empresa, sino que también pone en riesgo su capacidad para cumplir con obligaciones legales. Durand enfatiza que mantener una separación clara entre fondos personales y operativos es una obligación ética y fiscal, especialmente en entornos donde los controles son más estrictos.
Además, el riesgo de no tener una reserva financiera significativa puede ser devastador. Durante la pandemia, muchas empresas no tuvieron capacidad para enfrentar una interrupción prolongada de sus actividades. La ausencia de un fondo de contingencia dejó a numerosos negocios sin capacidad de reactivación. Cada emprendedor debe evaluar su nivel de liquidez actual y considerar escenarios adversos, como una caída de ventas o una emergencia operativa.
Para los empresarios peruanos, este contexto es especialmente relevante. Muchas microempresas dependen de plataformas digitales para operar, pero su estructura financiera suele ser débil. La combinación de ingresos digitales con una falta de visión contable profunda puede generar un vacío de control. Es fundamental que cada emprendedor no solo monitoree sus ventas, sino que también evalúe con rigor sus costos operativos, su margen de utilidad y su capacidad para mantener operaciones en momentos de incertidumbre. Solo así podrá proteger su negocio y cumplir con sus responsabilidades legales sin sacrificar su solvencia.
