Según arXiv q-fin, un estudio reciente examina cómo las organizaciones aprovechan la inteligencia artificial no solo para operar más eficientemente, sino para impulsar innovaciones radicales. Aunque se conoce bien el valor operativo de la IA, los procesos por los cuales las empresas la utilizan para explorar estrategicamente aún no están bien definidos. Para desentrañar este proceso, el análisis combina el marco de Tecnología-Organización-Entorno (TOE) con la visión de capacidades dinámicas. Se postula que la adopción de IA no es un paso directo hacia el rendimiento, sino una secuencia que involucra factores tecnológicos, organizacionales y ambientales, que construyen una capacidad de percepción. Esta capacidad, a su vez, permite desarrollar una novedad funcional llamada “exploración impulsada por IA”.
Los investigadores analizaron datos de 245 ejecutivos de alto nivel en Arabia Saudita, un país en transición digital impulsado por políticas estatales. Mediante el modelo de regresión por mínimos cuadrados estructurales (PLS-SEM), se validó que la capacidad de percepción se desarrolla primero bajo condiciones de preparación organizacional y compatibilidad tecnológica. Posteriormente, esta capacidad alimenta la exploración impulsada por IA, lo que finalmente mejora el desempeño innovador. Contrariamente a lo esperado, el apoyo gubernamental no mostró una relación significativa con la capacidad de percepción. Esto indica que en entornos con recursos abundantes, incentivos externos no son suficientes para construir capacidades internas. Además, la presión competitiva se revela como un factor positivo que fortalece la relación entre la preparación organizacional y la exploración, actuando como un catalizador clave que transforma recursos latentes en acciones activas de innovación.
Para inversores y líderes en el Perú, este hallazgo ofrece una reflexión clave: no basta con adoptar herramientas tecnológicas avanzadas. La efectividad de la IA en el desarrollo de nuevos productos o servicios depende de cómo la empresa organiza su estructura interna, cómo integra sus procesos y cómo responde a la competencia. En un contexto como el peruano, donde las empresas enfrentan presión creciente por digitalización y eficiencia, este modelo sugiere que las iniciativas de IA deben ir acompañadas de reformas internas y de estrategias claras de respuesta a la competencia. La inversión en capacidades organizacionales —no solo en tecnología— será el pilar que permita que las empresas no solo operen mejor, sino que exploren con agilidad. Sin una preparación interna sólida, incluso el mayor acceso a IA puede quedar sin convertirse en innovación real. El éxito no se mide en cuánta IA se implementa, sino en cuántas nuevas ideas surgen del uso estratégico de esa tecnología.