Según arXiv q-fin, un estudio analiza si el avance de los servicios en economías mundiales se alimenta principalmente de la demanda de hogares o de otras fuentes como inversiones, exportaciones, producción industrial y gasto gubernamental. El trabajo emplea tablas de entrada-salida homogenizadas para 76 países entre 1995 y 2022, asignando el valor añadido de los servicios a sus categorías finales de demanda doméstica. El resultado clave es que el indicador tradicional del porcentaje de servicios en la economía no refleja de forma clara su dependencia de hogares, pues muestra una correlación negativa con la orientación hacia el consumo familiar. Solo cuatro de cada diez casos de expansión de servicios se traducen en una mayor participación del gasto familiar. En 65 economías donde el porcentaje de servicios creció entre 1995 y 2018, el 77 por ciento mostró una disminución en su orientación hacia el consumo doméstico, cifra que se mantiene en el 75 por ciento bajo un umbral de dos puntos porcentuales de cambio material. A pesar de esta tendencia, la intensidad de los servicios en producción aumenta con el ingreso nacional, ya que la posición colectiva de los hogares se reduce más rápidamente que la de otros actores. El modelo de referencia con un solo tipo de demanda no permite margen de compra, mientras que una extensión con dos tipos de demanda revela la reversión de esta dinámica. Un análisis exacto basado en estructuras Leontief y descomposición de Shapley muestra que el 73 por ciento del crecimiento en el porcentaje de servicios se atribuye a canales de producción, siendo esta contribución dominante en el 80 por ciento de las economías que experimentaron un aumento material en el servicio. En contraste, la disminución de la orientación familiar se explica principalmente por cambios en la estructura general de la demanda final. Es importante destacar que el porcentaje de servicios no indica la naturaleza del cambio económico que lo produce, sino únicamente cuántos servicios existen en el sistema.
Para el lector peruano, este hallazgo tiene implicaciones claras en el contexto de desarrollo nacional. Aunque el crecimiento de servicios en el país —como en muchas economías emergentes— se presenta como un avance positivo, los datos sugieren que no está impulsado principalmente por el consumo de hogares, sino por sectores más amplios como el gobierno, las exportaciones o las inversiones. Esto implica que el desarrollo de servicios no necesariamente se traduce en mejoras en el bienestar familiar, y que las políticas públicas deben considerar no solo el crecimiento de servicios, sino también su fuente de demanda. Si los servicios se generan más por inversiones o por redes productivas que por el gasto doméstico, entonces el enfoque de políticas debe incluir mecanismos para redistribuir la demanda, fortalecer el consumo interno y asegurar que los beneficios de la expansión de servicios lleguen a la población en general, no solo a sectores selectos. En un contexto donde el ingreso familiar sigue siendo vulnerable, esta dinámica subraya la necesidad de estrategias que promuevan una distribución más equitativa del crecimiento económico.