Segun Harvard Business Review, la formación de equipos eficaces en ciberseguridad enfrenta desafíos estructurales, especialmente al integrar disciplinas técnicas diversas como desarrollo, ingeniería de seguridad y operaciones. En una entrevista con Sami Jenkins, cofundadora y directora ejecutiva de ThreatLocker, se destaca que el mayor obstáculo no es solo encontrar profesionales calificados, sino lograr que distintas áreas del equipo trabajen en sincronía. A pesar de contar con un equipo altamente especializado, la organización enfrenta dificultades para identificar el perfil técnico adecuado, particularmente en ubicaciones geográficas como Orlando. La escasez de especialistas en áreas específicas, como el desarrollo de núcleos (kernel developers), se convierte en un punto crítico para la escalabilidad de sus operaciones.
La dinámica interna del equipo requiere una gestión activa de capacidades. En ThreatLocker, los desarrolladores, ingenieros de infraestructura y equipos de atención al cliente colaboran de forma intensa para lanzar productos. Esta cercanía operativa impulsa la necesidad de reestructurar los equipos conforme avancen los proyectos. Por ejemplo, tras el lanzamiento de una nueva solución, se generó una demanda clara de especialistas en ingeniería de soluciones. Este caso ilustra cómo los cambios tecnológicos aceleran la necesidad de reforzar el perfil humano de los equipos, lo que obliga a las organizaciones a evaluar constantemente sus necesidades de talento.
Para el lector peruano, este escenario resalta una realidad local: el sector de tecnología y ciberseguridad aún enfrenta una brecha de talento, aunque el crecimiento de empresas digitales en el país es significativo. Muchas organizaciones peruanas, especialmente en sectores como banca, comercio electrónico o salud, están en proceso de digitalización. Sin embargo, su capacidad para contratar profesionales especializados —como ingenieros de ciberseguridad o desarrolladores de sistemas— sigue siendo limitada por la escasez de formación técnica y la falta de programas de desarrollo sostenido. La experiencia de ThreatLocker indica que no basta con buscar candidatos en el mercado; es necesario diseñar estructuras organizativas que permitan el crecimiento continuo del equipo, mediante la incorporación de nuevas áreas de especialización y la gestión proactiva de los perfiles técnicos. En un contexto donde la protección de datos es clave, la inversión en formación interna y en modelos de trabajo colaborativos puede ser el camino más viable para cerrar esta brecha.
