Segun Wharton Knowledge, investigadores del programa Behavior Change for Good, liderado por los profesores Katy Milkman y Angela Duckworth, exploraron cómo se puede mantener el interés de audiencias amplias frente a información nueva, especialmente en momentos de incertidumbre como el inicio de la pandemia de COVID-19. En 2020, Milkman coordinó un estudio con su estudiante de posgrado Erika Kirgios, ahora profesora en la Universidad de Chicago, en colaboración con académicos de universidades prestigiosas. El objetivo fue probar una estrategia alternativa: en lugar de presentar hechos directos, se plantearon preguntas que luego se respondían con información clave. Esta metodología fue puesta a prueba en dos contextos distintos: Ghana y Michigan, durante las primeras fases del brote del virus.
Los resultados mostraron una notable diferencia en el impacto de las estrategias. Preguntas como “¿Se necesita mantener una distancia de 1 metro si ambos están con máscara?” generaron un mayor cambio en el comportamiento de los receptores que declaraciones directas como “Aunque estén con máscara, deben mantenerse a 1 metro”. Los investigadores midieron la cantidad de personas que, tras recibir la información, buscaron más contenidos relacionados. Este indicador reveló que el formato preguntas-respuestas fomentaba una mayor motivación para seguir aprendiendo. Aunque la ciencia de la conducta ha demostrado que los obstáculos —como textos complejos o pasos múltiples en un sitio web— disminuyen la absorción de información, este hallazgo sugiere que ciertos tipos de barreras pueden convertirse en puntos de interés, no de frustración.
Para el lector peruano, este hallazgo ofrece una reflexión clara sobre cómo se comunican las instituciones públicas y las plataformas digitales. En un entorno donde la información sobre salud, economía o política circula rápidamente, el simple hecho de formular una pregunta puede transformar una noticia en una conversación. Por ejemplo, al presentar un mensaje sobre el manejo de la inflación, una pregunta como “¿El aumento de precios afecta a los salarios de los trabajadores?” puede despertar mayor interés que una afirmación directa. Este enfoque no solo fomenta la participación, sino que también permite que el público sienta que está involucrado en el proceso de toma de decisiones. En un contexto donde muchos aún perciben la información financiera como técnica o abstracta, el uso de preguntas puede romper esas barreras, convirtiendo los contenidos en experiencias más cercanas y humanas.
Este hallazgo no solo aplica a crisis sanitarias, sino que también se extiende a temas de inversión, empleo o educación. En un país como el Perú, donde la accesibilidad de la información es clave para el desarrollo individual y colectivo, los mensajes que comienzan con una pregunta pueden convertirse en herramientas poderosas para generar conciencia y acción sostenida.
