Segun Bloomberg Línea, el triunfo de Abelardo De la Espriella en las elecciones presidenciales colombo-americanas marca un nuevo capítulo en la política económica del país, pero también traslada a la nueva administración uno de los mayores desafíos financieros registrados en los últimos años. El banco UBS destaca que las finanzas públicas llegan al cambio de gobierno con un déficit primario que alcanza el 3,5% del PIB, el nivel más alto desde la pandemia y la crisis de 1999. Este deterioro acumulado obligará a implementar una política de consolidación más amplia, conforme a lo previsto en la regla fiscal que se activará en 2028. En ese escenario, se espera que el país alcance un superávit primario promedio del 1,2% en los próximos años, una cifra que amplía significativamente la presión fiscal que debe asumir el nuevo gobierno.
La campaña electoral de De la Espriella se centró en contener el crecimiento fiscal, fortalecer el sector petrolero y gaseoso, reducir el tamaño del Estado y recuperar la confianza de los inversores mediante mayor estabilidad institucional y seguridad jurídica. Aunque estas líneas de política fueron bien recibidas en el mercado, UBS señala que el nuevo presidente gobernará con un Congreso dividido, lo que convierte la negociación política en un eje clave para avanzar en reformas estructurales. El banco considera que la posibilidad de construir una mayoría legislativa funcional y de lograr una coalición de trabajo dependerá de un pragmatismo político suficiente. En ese sentido, espera que el mandatario demuestre capacidad para generar acuerdos que reduzcan la incertidumbre sobre la gobernabilidad en los primeros meses del gobierno.
El principal obstáculo que debe superar el nuevo gobierno no reside en el ámbito político, sino en el sector fiscal. Para lograr el superávit primario requerido, se necesitarán nuevas fuentes de ingresos, que no se limiten a una política de austeridad. El informe de UBS subraya que las reformas deben ir más allá de ajustes presupuestarios, abarcando cambios en el diseño de impuestos, la eficiencia del aparato administrativo y la gestión de los activos públicos. La falta de un marco claro en estos aspectos podría mantener el crecimiento fiscal en una zona de incertidumbre, afectando tanto a inversiones como a la estabilidad de precios.
Para los inversionistas peruanos, este panorama ofrece una lección clave: los cambios en la política económica de un país no se miden solo por los discursos, sino por la capacidad de los gobiernos para gestionar sus cuentas públicas de forma sostenible. Aunque Colombia enfrenta una situación fiscal compleja, su experiencia puede servir como modelo de cómo equilibrar crecimiento y disciplina fiscal. El Perú, que también atraviesa procesos de reforma en sus finanzas públicas, debe prestar atención a cómo se gestionan los déficits y las expectativas de los mercados. La experiencia de Colombia puede inspirar estrategias que combinen estabilidad institucional con políticas de crecimiento que no comprometan la solvencia del Estado.
