Según Bloomberg Línea, el nuevo Marco Fiscal de Mediano Plazo de Colombia establece una reducción progresiva de los déficits fiscal y primario en los próximos dos años. El plan busca transformar la situación financiera del sector público, que actualmente registra una brecha primaria de 3,5% del PIB en 2025, reduciéndola hasta 2,1% en 2026 y finalmente a 0,5% en 2027. Aunque este enfoque parece coherente con objetivos de estabilidad, Goldman Sachs subraya que el verdadero desafío no reside en las metas, sino en la viabilidad de cumplirlas. La entidad financiera señala que gran parte de la consolidación prevista depende de supuestos macroeconómicos y de gasto público que enfrentan importantes obstáculos operativos.
El análisis del banco identifica que la estrategia fiscal se sustenta en una reducción progresiva del gasto primario, que pasaría de 19,9% del PIB en 2025 a 18,2% en 2026 y a 17,9% en 2027. Aunque estos niveles se consideran razonables en términos generales, el riesgo crítico radica en que una parte significativa de los recortes para 2026 aún no ha sido definida con detalle. Santiago Téllez, analista de Goldman Sachs, destaca que la trayectoria de ajuste enfrenta “elevados riesgos de ejecución”, especialmente porque los recortes en gastos flexibles, que suman 1,7 puntos del PIB, no están estructurados ni asignados con claridad. Esta falta de especificidad genera incertidumbre sobre cómo se podrán implementar sin afectar servicios esenciales o la capacidad de respuesta ante shocks económicos.
Para el lector peruano, este escenario ofrece una reflexión clara sobre la complejidad de los ajustes fiscales. En un contexto donde muchos gobiernos enfrentan presiones por equilibrar ingresos, gastos y crecimiento, el caso de Colombia evidencia que las metas de reducción de déficits no son suficientes sin una planificación detallada y transparente. En el Perú, donde las finanzas públicas también han registrado fluctuaciones en los niveles de endeudamiento y gasto, es fundamental que las propuestas de ajuste sean acompañadas por mecanismos claros de ejecución, evaluación y revisión. Sin especificaciones concretas, los planes pueden convertirse en instrumentos teóricos más que en estrategias viables. La experiencia de Colombia sirve como advertencia: el éxito de una política fiscal no depende solo de la proyección, sino de la capacidad de transformarla en acciones operativas y sostenibles.
Este enfoque debe inspirar a los gobiernos latinoamericanos, incluyendo al nuestro, a priorizar la transparencia en las decisiones fiscales y a evaluar cuidadosamente cada ajuste antes de comprometerlo con el presupuesto.
