Según Gestión, en mayo de 2024 América Móvil Perú S.A.C., operadora bajo la marca Claro, presentó una denuncia ante el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi) contra Viettel Perú S.A.C., conocida como Bitel. La queja se centró en una campaña publicitaria difundida en plataformas digitales como YouTube, TikTok, Instagram y X. En ella, Bitel promocionó su plan “Mi Plan” mediante frases que, según Claro, implicaban referencias indirectas a sus competidores: Entel, Movistar y Claro en particular. Las expresiones “mensajes chéveres”, “llamadas power” y “datos con todo” fueron citadas por la empresa como elementos que, a juicio de Claro, ridiculizaban a otras operadoras y las presentaban como servicios obsoletos. Además, el uso de un vendedor robotizado y el término “NPC” —un concepto de videojuegos para describir personajes inútiles— generó controversia, ya que Claro interpretó que se usaba como una metáfora para desacreditar la calidad de sus servicios.
Claro argumentó que dichas frases inducían a error y vulneraban principios de competencia leal, especialmente al aludir a otras marcas sin autorización. En respuesta, Bitel rechazó cualquier intención de comparación directa, afirmando que su campaña era un ejercicio de humor comercial y publicidad comparativa válido dentro del mercado. Para la empresa, el enfoque no tenía como objetivo descalificar a competidores, sino comunicar una oferta atractiva mediante una estrategia innovadora. El conflicto, aunque no fue resuelto con una sentencia pública, evidencia el creciente desafío que enfrentan las operadoras en el diseño de mensajes digitales, donde el tono y el lenguaje pueden tener consecuencias legales.
Para el consumidor peruano, este caso revela una realidad en la que la publicidad digital se vuelve cada vez más agresiva y visual. Muchos usuarios, especialmente en redes sociales, están expuestos a mensajes que mezclan humor, ironía y comparaciones, sin siempre clarificar si se tratan de ofertas reales o estrategias de desacreditación. En un contexto donde el mercado de telecomunicaciones se expande rápidamente, es fundamental que los consumidores comprendan que ciertos contenidos pueden estar diseñados para generar impacto emocional, no necesariamente para transmitir información honesta. Aunque no se ha establecido una resolución oficial, el hecho de que ambas empresas hayan recurrido a Indecopi indica que las líneas entre marketing ético y conducta desleal están siendo cada vez más delimitadas en el entorno digital.
El caso Claro vs Bitel no solo es un ejemplo de tensión entre operadoras, sino también una advertencia sobre la necesidad de transparencia en las campañas publicitarias. Los peruanos, al elegir su operadora, deben estar atentos no solo a precios y servicios, sino también a cómo se comunican las marcas. La capacidad de una empresa para conectar emocionalmente con el público no debe ir a costa de la integridad de la competencia.
