Según Bloomberg Línea, el banco Citi ha reajustado al alza sus pronósticos para el aluminio, anticipando que este metal alcance un promedio de US$4.000 por tonelada en el segundo semestre de 2026. Esta revisión se da en un contexto de creciente escasez global, impulsada por interrupciones en la cadena de suministro y limitaciones en la producción. El aluminio cerró en US$3.672,50 por tonelada en la Bolsa de Metales de Londres (LME), su nivel más alto desde marzo de 2022. El impulso se intensificó tras el conflicto en Medio Oriente, que afectó flujos clave de aluminio, y por temores crecientes sobre reducciones en la producción chino, el principal productor mundial. La capacidad disponible fuera de China permanece baja, mientras los inventarios globales siguen en niveles históricamente reducidos. El analista de Citi, Ephrem Ravi, destacó que el mercado global aún muestra una estrechez estructural, que podría persistir hasta bien entrado 2027. En ese escenario, el banco ha aumentado entre un 5% y un 17% sus estimaciones de EBITDA para empresas del sector aluminio, entre 2026 y 2028.
La dinámica actual se alimenta de una combinación de factores: el cierre del estrecho de Ormuz ha interrumpido rutas clave de exportación, mientras las fundiciones chinas operan por encima de su capacidad técnica para responder a la demanda global. A pesar de su tamaño, China enfrenta presión por cumplir con objetivos ambientales y energéticos, lo que limita su capacidad de expansión. La oferta global, por tanto, no se ha reforzado de forma significativa, y las condiciones de mercado reflejan una escasez sostenida. Este entorno ha generado una reevaluación de la viabilidad de las operaciones aluminíferas en regiones clave, especialmente en América Latina, donde el crecimiento industrial depende en parte de esta materia prima.
Para los inversores peruanos, este escenario representa una oportunidad de reevaluar sus posiciones en sectores industriales que dependen del aluminio, como la manufactura de automóviles o la construcción. Aunque el metal no es un componente directo en la mayoría de las empresas del sector privado, su precio influye en costos de producción y en la viabilidad de proyectos de inversión. Además, el crecimiento del aluminio puede influir en la rentabilidad de empresas que operan en zonas de alta demanda, como la industria de la siderurgia o la energía. El hecho de que el mercado esté estructuralmente ajustado sugiere que, a largo plazo, el precio podría mantenerse en niveles elevados, lo que implica un entorno de presión para los costos y un mayor retorno potencial para quienes identifiquen oportunidades estratégicas. Sin embargo, la volatilidad asociada a eventos geopolíticos y políticos debe ser considerada con cautela, especialmente en un contexto donde los mercados emergentes aún no han consolidado su exposición al aluminio.
