Segun CNBC Markets, los precios del crudo en Estados Unidos alcanzaron en Thursday un máximo de 102 dólares por barril, el nivel más alto desde mayo. Este aumento se produce tras una subida del 50% en comparación con el mínimo registrado en junio de 2024, cuando el crudo se situó en 68,55 dólares por barril. El escenario se ha intensificado con la interrupción del oleoducto de Arabia Saudita, clave para el transporte de crudo desde el Medio Oriente hacia el este, tras múltiples ataques. En este contexto, Bob McNally, director de Rapidan Energy, señala que desde que se desmanteló el memorando de entendimiento entre Washington y Teherán, el mercado ha recuperado un componente de riesgo, aunque aún no ha alcanzado los niveles de abril, cuando el crudo cerró en 112,95 dólares.
Rebecca Babin, especialista en energía de CIBC Private Wealth, advierte que el mercado ha integrado las tensiones regionales, pero no ha asimilado plenamente el aumento de demanda china. En su análisis, destaca que los refinadores chinos están reactivando sus operaciones, lo que podría generar una presión adicional sobre el mercado. Aunque China redujo sus importaciones de petróleo de 3 millones a 5 millones de barriles diarios, esta cifra representa una fuerte contracción que ha servido como estabilizador durante la crisis. Sin embargo, según McNally, el país está ahora saliendo de esa "dieta" y mostrando una demanda creciente, impulsada por sus reservas petrolíferas que superan los 1 mil millones de barriles.
Este comportamiento de China, que actúa como consumidor clave y moderador de precios, está transformando el equilibrio del mercado global. Aunque el crudo estadounidense aún no alcanza los máximos de guerra, el aumento de compras en China —especialmente por parte de refinadores que buscan recuperar márgenes— podría acelerar la reactivación del mercado. Los analistas indican que esta dinámica podría llevar a que el crudo pruebe niveles de precios históricos, incluso si las tensiones en el Medio Oriente persisten.
Para los inversionistas peruanos, esta situación subraya la importancia de considerar el papel de los mercados emergentes en la volatilidad de los precios del petróleo. Aunque el Perú no es un exportador directo de crudo, su economía depende de las importaciones de combustibles y de la estabilidad del mercado global. Cualquier desplome o aumento en los precios puede afectar costos de producción, transporte y servicios. Por ello, mantener un enfoque de vigilancia en indicadores clave, como las importaciones chinas o los movimientos de bloqueo en el Medio Oriente, permite anticipar fluctuaciones que podrían impactar el entorno económico nacional.
