Segun ECB Press (Banco Central Europeo), el colapso de la Banca de Cambios de Ámsterdam en 2022 sirve como ejemplo claro de cómo los riesgos no financieros pueden predecir problemas financieros en el futuro. Aunque estos riesgos no se manifiestan como fallos económicos inmediatos, su acumulación puede desencadenar crisis abruptas. Frank Elderson, miembro del Consejo Ejecutivo y vicepresidente del Consejo de Supervisión del BCE, señala que la simplificación de regulaciones —aunque se presenten como modernización o eficiencia— no es viable. La experiencia de la crisis financiera reciente demuestra que las políticas de liberalización deben ser evaluadas con cautela.
El riesgo no financiero, como el deterioro de prácticas de gestión o la exposición a conflictos de interés, suele permanecer oculto durante años. Solo cuando se vuelve evidente en el sistema financiero, ya es demasiado tarde. Este fenómeno refleja la necesidad de supervisión integral, que no se limite a indicadores tradicionales como el margen de beneficio o la liquidez. La percepción de que mayores requisitos de capital restringen el crédito al sector real es errónea. Los datos del BCE indican que las instituciones bancarias europeas actualmente operan con niveles de capital suficientes y que las exigencias se han mantenido establecidas en los últimos años.
La última elevación significativa de los requisitos de capital ocurrió tras la crisis de 2008, en respuesta a la vulnerabilidad sistémica detectada. Durante la pandemia, el BCE permitió una reducción temporal de estos niveles para garantizar la estabilidad del sistema en momentos de estrés. Sin embargo, el objetivo principal no es aumentar el número de reglas, sino asegurar que las instituciones sean resilientes ante shocks imprevisibles. Las operaciones bancarias no están limitadas por la cantidad de capital que deben mantener, ya que los estudios del BCE no muestran una correlación negativa entre capitalización y crédito extendido al sector productivo.
Para los inversores y empresarios en el Perú, este enfoque ofrece una lección clave. Las políticas de regulación no deben verse como obstáculos a la creación de capital, sino como herramientas para prevenir colapsos estructurales. En un contexto donde las empresas locales enfrentan incertidumbres económicas, como inflación o cambios en las políticas fiscales, el fortalecimiento de las normas de supervisión permite que las instituciones financieras actúen con mayor estabilidad. Así, aunque el sector peruano no esté bajo el mismo marco regulatorio que Europa, los principios de vigilancia integral y prevención de riesgos no financieros pueden servir como guía para fortalecer la confianza en los mercados locales. La clave está en detectar tempranamente factores subyacentes que no se reflejan en estados financieros, y en mantener una regulación equilibrada que no limite el crecimiento, sino que lo proteja.
