Segun Gestión, la Sociedad Nacional de Pesquería (SNP) ha alertado al Gobierno sobre el impacto económico de la cancelación de la segunda temporada de pesca de anchoveta blanca en la zona centro-norte. La decisión, tomada por el Ministerio de Producción tras un análisis científico, se basa en condiciones oceanográficas y biológicas adversas que ponen en riesgo la viabilidad de la captura. Las fuentes de la SNP estiman que, con una cuota promedio de 2 millones de toneladas de anchoveta, se perderían alrededor de 500,000 toneladas de harina de pescado anualmente. Esta reducción no solo afecta la producción nacional, sino que también disminuye la oferta exportable, con consecuencias directas en el mercado internacional.
China se posiciona como el principal destino de exportación de harina de pescado peruana. De enero a agosto de 2026, el país concentró el 65% de las exportaciones nacionales de este producto. Rafael Zacnich, gerente de Estudios Económicos de ComexPerú, destaca que la harina de pescado es un insumo esencial para la acuicultura en China, donde se utilizan ampliamente en la elaboración de alimentos para peces. En 2025, por ejemplo, el mercado chino recibió casi el 79% de los envíos peruanos de harina de pescado. Esta dependencia comercial genera una exposición significativa ante cualquier contracción de la oferta peruana. Además, Alemania también mantiene una posición clave, con el Perú que representa entre el 20% y el 21% de sus importaciones de harina de pescado.
Para los productores y comerciantes peruanos, esta situación plantea una doble incertidumbre. Por un lado, la pérdida de producción se traduce en ingresos reducidos y en una menor capacidad de competencia en el mercado global. Por otro, el sector depende fuertemente de mercados que, al no contar con alternativas viables, se ven afectados de forma directa. La situación refleja una vulnerabilidad estructural en la cadena de valor pesquera, donde la variabilidad climática puede derivar en pérdidas económicas significativas.
Para el lector peruano, este escenario evidencia que la pesca no solo es un bien de consumo, sino un pilar clave de la economía nacional. Cada tonelada de harina de pescado que no se produce implica una disminución en los ingresos que llegan al país, afectando a miles de familias que dependen de este sector. Además, el hecho de que China sea el principal comprador subraya la importancia de diversificar los mercados de exportación. En un contexto donde el clima juega un rol decisivo, el gobierno debe considerar políticas que fortalezcan la resiliencia de las pesquerías, como el desarrollo de planes de contingencia o la inversión en tecnología para monitorear condiciones marinas en tiempo real. Así, el sector podría mantener su contribución económica sin depender exclusivamente de una sola temporada o mercado.
