Según Gestión, el Congreso peruano ha propuesto eliminar beneficios tributarios para el sector agropecuario, con el objetivo de fortalecer la agroexportación. Esta iniciativa se coloca en un contexto de creciente incertidumbre climática, donde fenómenos como El Niño amenazan a reconfigurar las condiciones de producción rural. El impacto no será equitativo: ciertos cultivos, como el arándano, el arroz y el cacao, enfrentarán mayores riesgos por alteraciones en temperaturas y disponibilidad de agua. En contraste, otros productos mostrarán una respuesta favorable ante el calentamiento, lo que podría transformar su rentabilidad y posición en el mercado.
Los cultivos destinados al alimentado de ganado emergen como los más beneficiados. Víctor Ballena, coordinador del Observatorio de Comercio Exterior de la Facultad de Economía de la UPC, analizó datos del primer trimestre de 2026 del Sistema Agrícola (Sisagri), junto a informes del Enfen, Senamhi, Cenepred y el Banco Central de Reserva (BCRP). Su evaluación revela que insumos forrajeros, como la brachiaria y el pasto elefante, experimentarán una mejora económica. Estos cultivos prosperan en ambientes de mayor temperatura y humedad. Entre 2015 y 2018, su producción alcanzó un pico de 27,7 millones de unidades, periodo marcado por eventos climáticos extremos. Además, el gramalote, una especie de forraje, presenta un comportamiento positivo bajo condiciones de calor elevado. Este hallazgo fue validado por Diego Sotomayor, director de Gestión de Investigación de la UNALM, quien afirmó que “más crecimiento implica más forraje”. También se incluyó la caña de azúcar, cuyo ciclo de crecimiento más prolongado permite que sus tallos se desarrollen más y generen mayor producción.
Para el lector peruano, este panorama sugiere que no todos los sectores rurales se verán afectados de igual forma por el cambio climático. Los productores de ganado podrían enfrentar reducciones en costos de alimentación, lo que podría traducirse en precios más bajos para el consumo final. Este alivio podría beneficiar a familias que dependen del mercado interno de carne y derivados. Sin embargo, es crucial que el gobierno no solo se centre en respuestas económicas, sino que también fortalezca la adaptación técnica y la infraestructura rural. Si bien ciertos cultivos responden bien al clima cambiante, la vulnerabilidad de otros —como el cacao— requiere políticas de mitigación proactivas. El sector agro debe ser visto no como un conjunto homogéneo, sino como una red diversa, donde cada componente tiene un papel distinto ante las nuevas realidades climáticas.
