Según Yahoo Finance, una cadena italiana especializada en comida de estilo clásico, Romano's Macaroni Grill, ha reducido drásticamente su presencia nacional, dejando solo nueve puntos de venta en todo el país. Aunque el consumo de comida italiana en Estados Unidos es amplio —seis de cada diez personas encuestadas por la Asociación Nacional de Restaurantes (NRA) declararon que comen esta cocina al menos una vez al mes—, la evolución de la industria ha sido desigual. Mientras que 100.000 establecimientos ofrecen cocina italiana, con una parte significativa dedicada al servicio de alta gastronomía, las cadenas chinas y mexicanas alcanzan cifras similares en cantidad, pero con una menor oferta de opciones de lujo. En comparación, el 50% de los encuestados consumen comida mexicana al menos mensualmente, y el 36% de ellos lo hacen al menos una vez al año; en el caso de la cocina china, el porcentaje de consumidores que la prueban al menos mensualmente es de 36%, mientras que el 42% la disfruta con frecuencia.
La historia de Romano's Macaroni Grill comienza en San Antonio en 1988, cuando el restaurador Phil Romano, creador de Fuddruckers, lanzó una marca con fuerte identidad cultural italiana. El modelo de negocio se basaba en una experiencia de ambiente, con personal que incluía operistas y clases de idioma italiano en los baños. Tras su fundación, la cadena fue adquirida por Brinker International, el grupo que posee Chili’s, y creció rápidamente, alcanzando un pico de 237 locaciones en 2006. La mayoría de esos puntos de venta eran propiedad directa de la empresa. En 2008, Brinker vendió la cadena a la firma de capital privado Golden Gate Capital por 131,5 millones de dólares, cifra que posteriormente se ajustó a 88 millones. A pesar de su posicionamiento inicial como competidor directo de Olive Garden, la cadena enfrentó una disminución progresiva en su viabilidad comercial. Hoy, más de 85% de sus 237 locales han cerrado, dejando solo nueve operaciones activas.
Para el lector peruano, este caso ilustra cómo incluso las marcas que han logrado consolidarse en mercados amplios pueden enfrentar crisis de sostenibilidad. En un contexto donde el mercado de alimentos y servicios es altamente competitivo y sensible a cambios en las preferencias, la capacidad de adaptación, innovación y gestión de costos es decisiva. Mientras que el consumo de cocina italiana en EE.UU. se mantiene fuerte, la estructura de las cadenas no siempre responde adecuadamente a las transformaciones del mercado. En el Perú, donde la gastronomía regional y la especialización en platos tradicionales son fuertes, se puede observar una tendencia similar: marcas que dependen de un modelo establecido, sin dinamismo en su oferta, pueden perder relevancia. La clave, entonces, no está en imitar el éxito de otros, sino en construir una identidad clara, sostenible y conectada con las necesidades reales del consumidor local.