Según Bloomberg Línea, el cacao emerge como la opción prioritaria en el análisis de materias primas agrícolas de UBS, debido a la probabilidad de que el fenómeno climático El Niño vuelva a afectar la producción mundial entre los próximos 12 y 18 meses. La entidad señala que las condiciones climáticas asociadas a este evento podrían reaparecer en el segundo semestre de 2026, generando impactos desiguales en distintas zonas productoras. En ese escenario, se prevé sequías en regiones de Asia, Australia y África, mientras que Sudamérica podría enfrentar lluvias intensas y temperaturas elevadas.
Estos cambios climáticos podrían disminuir la producción de cultivos clave como el maíz, el trigo y el arroz, además de incrementar la volatilidad de precios en el mercado agrícola. La situación se agrava cuando los niveles de inventarios están reducidos y los costos de producción se han elevado en varios sectores. En este contexto, UBS considera que el riesgo climático adquiere una dimensión crítica, especialmente en mercados que ya operan con niveles ajustados de stock. Los estrategas Dominic Schnider y Giovanni Staunovo destacan que es probable que se reanude una prima de riesgo meteorológico significativa en los mercados agrícolas durante ese periodo.
La preferencia del banco se centra en productos denominados “materias primas blandas”, como el cacao, el azúcar, el café y el aceite de palma. Entre ellos, el cacao se posiciona como la mejor oportunidad de crecimiento, gracias a su concentración geográfica. La mayor parte de la producción mundial —alrededor del 65% a 70%— se concentra entre Costa de Marfil y Ghana. Esta localización limitada hace que cualquier perturbación climática en esas regiones impacte directamente en el suministro global, generando inmediatez en los efectos sobre el mercado.
Para los inversionistas peruanos, este panorama implica una sensibilidad importante en sectores relacionados con la cadena agroalimentaria. Aunque el Perú no es un productor líder de cacao, su economía depende en gran medida de exportaciones agrícolas como el lenteja, el trigo y el arroz. Si bien el país no enfrenta directamente las condiciones climáticas de África o Sudamérica, las fluctuaciones globales en precios pueden influir en los costos de producción de sus productos. Además, el aumento de la volatilidad en materias primas puede afectar la competitividad de sus exportaciones. Por ello, es clave monitorear indicadores climáticos y las proyecciones de ofertas internacionales, para evaluar el impacto en el entorno de precios que afecta a todos los sectores agrarios del país.
En resumen, el riesgo climático no solo afecta a mercados específicos, sino que también puede generar ondas de efectos en las cadenas de producción globales, con implicaciones directas en el mercado interno. Los peruanos que operan en inversiones o comercio agrícola deben estar atentos a estos factores, ya que la estabilidad de precios depende de la interacción entre condiciones climáticas y disponibilidad global.
