Segun Bloomberg Línea, el director ejecutivo de BlackRock, Larry Fink, ha afirmado en una conferencia del Milken Institute que se avecinará un nuevo tipo de activo financiero basado en la capacidad computacional. Esta propuesta, hasta ahora considerada casi especulativa, ahora toma forma concreta en el ámbito de inversiones. Fink señaló que en algún momento surgirá un mercado de futuros sobre cómputo, al tiempo que destacó que el mundo enfrenta una escasez crítica de energía y semiconductores. Sus palabras coinciden con una estrategia de inversión que ya está en marcha: BlackRock, junto a Microsoft, Nvidia y el fondo MGX de Emiratos Árabes Unidos, está acelerando sus inversiones en centros de datos y en infraestructura energética.
La inversión no se centra únicamente en software de inteligencia artificial, sino en los componentes físicos que la sostienen. Se trata de GPUs, memoria, sistemas de refrigeración, redes de cableado y la capacidad de inferencia. Estos elementos ya están siendo vistos como pilares fundamentales para el crecimiento de la inteligencia artificial. La noción que se está consolidando es la de convertir la capacidad computacional en un bien negociable, similar al petróleo o al gas natural. En este escenario, una empresa podría fijar hoy el precio de un entrenamiento de un modelo de IA, como una aerolínea establece el costo de combustible o una empresa eléctrica define sus tarifas futuras.
Fink rechazó la existencia de una burbuja en el desarrollo de inteligencia artificial, argumentando que la oferta de recursos computacionales es escasa mientras que la demanda crece de forma significativamente acelerada. Esta perspectiva contrasta con las previsiones iniciales y refleja una realidad de escasez estructural. Al mismo tiempo, Bruce Flatt, director ejecutivo de Brookfield Corporation, pronosticó que en los próximos años se producirá una reconfiguración profunda de la infraestructura global, con un enfoque en la reempalme de redes y sistemas tecnológicos.
Para el lector peruano, esta evolución tiene implicaciones directas en el desarrollo tecnológico del país. Aunque el sector de cómputo aún es minoritario en el contexto nacional, la creciente dependencia de infraestructuras digitales en servicios bancarios, salud, logística y educación hace que la disponibilidad de recursos tecnológicos sea un factor crítico. La posibilidad de mercados financieros sobre capacidad computacional podría incentivar inversiones en infraestructura local, aunque aún requiere políticas públicas que garanticen acceso equitativo y sostenible. El camino hacia una economía digital más robusta no solo depende de grandes corporaciones, sino también de la capacidad de los países para gestionar su desarrollo tecnológico de forma responsable y eficiente.
