Según Forbes Business, una reflexión reciente del consultor del Milken Institute Michael Piwowar evidencia una crítica central sobre Bitcoin: su alta volatilidad. El analista señala que el precio de Bitcoin puede variar drásticamente, incluso en minutos, lo cual, aunque atrae a inversores especulativos, lo convierte en una herramienta inadecuada para transacciones cotidianas. Si se envía dinero a otra parte del mundo, el valor debería permanecer estable desde el momento de la transmisión hasta su recepción. Cualquier cambio significativo en ese periodo debilita la funcionalidad del activo como medio de intercambio.
Piwowar confunde, sin embargo, la naturaleza de las monedas estables. En su análisis, sostiene que la volatilidad de Bitcoin dio origen a las stablecoins, que se basan en una relación 1:1 con el dólar estadounidense y están respaldadas por activos líquidos como títulos del Tesoro. Esta idea, aunque plausible, omite una realidad clave: el dólar no es un estándar fijo que se compara con Bitcoin, sino que, por su uso global y aceptación, ha consolidado una posición de confianza que el mercado ha validado. No es que el dólar sea inmutable, sino que su presencia en miles de operaciones diarias lo convierte en una unidad de referencia que muchos actores económicos utilizan, sin necesidad de recurrir a otros activos digitales.
El volumen de operaciones diarias con el dólar —que alcanza aproximadamente 10 trillones de dólares— no refleja una confianza absoluta en su valor, sino que indica su dominio como instrumento de intercambio. Este hecho no implica que el dólar sea perfecto, pero sí que su uso estructural en el sistema financiero global lo hace más estable, predecible y funcional que cualquier criptomoneda actual. La funcionalidad del dinero, en esencia, no radica en su cambio de valor, sino en su capacidad para medir y facilitar el intercambio de bienes y servicios sin riesgos de pérdida en el tiempo.
Para el lector peruano, este análisis es especialmente relevante. Aunque las criptomoneda como Bitcoin han ganado visibilidad en redes sociales y plataformas digitales, su uso en entornos cotidianos como pagos, préstamos o ahorros sigue siendo limitado. El sistema financiero peruano, basado en instituciones tradicionales y moneda nacional, ha demostrado mayor estabilidad en términos de flujo de dinero, acceso y confianza. Mientras que el dólar estadounidense es ampliamente usado en mercados internacionales, en el Perú el uso de monedas digitales no ha reemplazado al sistema actual, debido a la falta de infraestructura, regulación clara y aceptación social. Por ello, la experiencia peruana sugiere que, para el consumo cotidiano, el dinero tradicional sigue siendo el mejor instrumento, ya que cumple con los criterios esenciales: estabilidad, accesibilidad y confiabilidad.
