Segun arXiv q-fin, en 2025 se registró una disminución del 23% en la ayuda extranjera bilateral, impactando a más de 130 países receptores. Un modelo de shock de red, ajustado a las reducciones individuales de países donantes, permite cuantificar las pérdidas en ayuda y evaluar si los mecanismos alternativos —como la cancelación de pagos de deuda o el fortalecimiento de remesas— pueden cubrir parte de esos costos. Los cálculos indican que para mitad de los países afectados, sería suficiente una reducción del 18% en sus pagos de deuda externa y una mobilización del 10% en el potencial de remesas. Este último se mide como el espacio disponible entre los flujos reales y un límite teórico en el que cada migrante en edad de trabajar enviaría el máximo posible a su hogar.
El escenario revela una contradicción estructural en el sistema financiero global: los países que tienen mayores posibilidades de recibir alivio en sus pagos de deuda suelen carecer de redes migratorias amplias, lo que limita su capacidad para incrementar remesas. Al contrario, aquellos con comunidades migrantes establecidas enfrentan barreras sistémicas para acceder a mercados tradicionales de deuda, lo que hace que cualquier reducción de pagos deuda sea ineficaz para ellos. Esta dualidad indica que no existe una solución universal, y que las estrategias de reemplazo de ayuda extranjera deben ser adaptadas según la estructura socioeconómica y migratoria de cada país.
Para el lector peruano, este análisis ofrece una mirada crítica sobre la dependencia de mecanismos externos como la ayuda o las remesas. El Perú, con una de las redes migratorias más desarrolladas en América Latina, podría beneficiarse de un mayor acceso a los mecanismos de remesas como fuente de estabilidad financiera. Sin embargo, el informe subraya que estos canales no pueden sustituir completamente el papel de la ayuda internacional, especialmente en momentos de crisis. Las políticas nacionales deberían entonces fortalecer el diseño de estructuras que permitan que los flujos de remesas sean más eficientes y regulados, evitando que las comunidades migrantes se conviertan en una sola fuente de apoyo. Además, el país debe considerar cómo integrar mejor su posición en los mercados de deuda internacional, sin perder el enfoque en su capacidad de generar ingresos sostenibles desde el trabajo remoto o el desarrollo local.
En un contexto donde los gastos públicos se mantienen estables y la inversión extranjera se mantiene baja, el sistema actual de apoyo internacional no ofrece una salida clara. Las soluciones deben ir más allá de cifras y modelos teóricos, y demandar que los gobiernos y instituciones trabajen en estrategias más integradas, que combinen desarrollo local, movilidad laboral y acceso a instrumentos financieros internacionales. El Perú, al ser un caso emblemático de migración, puede convertirse en un referente para cómo diseñar políticas que equilibren el apoyo externo con la autonomía financiera interna.