Segun Bloomberg Línea, América Latina enfrenta el segundo semestre con perspectivas más alentadoras que las previstas inicialmente, tras resistir los efectos directos del alza en el precio del petróleo impulsado por el conflicto entre Estados Unidos e Irán. A pesar de esta estabilidad, el desarrollo económico regional aún se ve condicionado por factores dinámicos que podrían reconfigurar el panorama en los próximos trimestres. La firma BMI, de Fitch Solutions, ofrece una proyección “cautelosamente optimista”, aunque señala que varios actores clave podrían alterar esa trayectoria. Entre ellos, se destacan la evolución del mercado petrolero, las decisiones de la Reserva Federal, el fenómeno de El Niño, el avance del ciclo de inversión en inteligencia artificial y, en especial, el desenlace de los procesos políticos en las principales economías latinoamericanas.
Conor Beakey, encargado de investigación en América Latina para BMI, afirmó que se espera un aumento en la actividad económica durante la segunda mitad del año y en 2027, impulsado tanto por efectos de cola de la desinflación como por una reducción en la incertidumbre política, especialmente fuera de Brasil. Este escenario se sustenta en la hipótesis de que las tensiones entre EE.UU. e Irán no se intensifiquen en enfrentamientos militares masivos y que los ataques a infraestructuras energéticas se mantengan como eventos aislados. Bajo ese escenario, el precio del barril de petróleo se estabilizaría en torno a los US$85. La debilidad de la demanda china actuaría como un factor moderador, aunque el impacto de los aumentos en el precio del crudo ya ha generado presiones inflacionarias en varios países.
En este contexto, varios gobiernos han recurrido a subsidios para mitigar el impacto sobre los hogares y las familias. Brasil y México han mostrado mayor capacidad para absorber parte del shock, gracias a estas intervenciones. Sin embargo, la vulnerabilidad de las economías latinas ante fluctuaciones del petróleo persiste. El costo de energía y los precios de bienes básicos siguen siendo puntos críticos en las políticas públicas.
Para los lectores peruanos, esta evolución evidencia que el crecimiento regional no se basa únicamente en factores internos, sino que está íntimamente ligado a dinámicas globales. Aunque el escenario actual muestra una leve mejora, el riesgo de volatilidad en el precio del petróleo sigue presente. El Perú, como país exportador de minerales y receptor de importaciones energéticas, está directamente expuesto a estos movimientos. Por ello, el seguimiento de las decisiones de la Reserva Federal y de las políticas internas de estabilización será clave. La incertidumbre política, además, puede afectar la confianza en inversiones, especialmente en sectores clave como la energía y la manufactura. Es fundamental que los gobiernos y sectores privados mantengan mecanismos de adaptación para proteger el bienestar de la población frente a shocks externos.
