Segun Wharton Knowledge, el auge de la inteligencia artificial no solo redefine cómo se producen y distribuyen bienes y servicios, sino que también plantea interrogantes críticos sobre quién financia ese avance y en qué puntos se acumulan los riesgos financieros. El profesor Joao Gomes, investigador senior en finanzas y director de centros académicos en la Universidad de Wharton, señala que el Banco Central de Estados Unidos ha concentrado su atención casi exclusivamente en el control de la inflación, ignorando las amenazas emergentes a la estabilidad financiera. Este enfoque, según él, deja fuera de cuenta las dinámicas complejas que impulsan el crecimiento tecnológico, especialmente en sectores como el de la inteligencia artificial.
El papel de los créditos privados —que operan fuera del alcance directo de regulaciones públicas— es clave en este escenario. Estos instrumentos, aunque impulsan la innovación, suelen funcionar con poca transparencia, dificultando el seguimiento de sus efectos en el sistema financiero. Gomes recuerda que en épocas pasadas, como la crisis inmobiliaria de 2008 y el auge de internet en los años 90, las inversiones masivas en sectores emergentes generaron burbujas que se desinflaron sin previo aviso. Los mismos mecanismos pueden estar en juego hoy, pero con un nuevo actor: la inteligencia artificial. A diferencia de tecnologías anteriores, la IA no solo requiere grandes volúmenes de inversión, sino también estructuras de financiamiento que pueden amplificar riesgos sistémicos si no se regulan adecuadamente.
La pregunta central que plantea Gomes es si los modelos actuales del Banco Central pueden capturar el impacto real de estas inversiones en la productividad a largo plazo. Actualmente, las proyecciones de crecimiento económico basadas en la IA suelen ser optimistas, pero carecen de herramientas para evaluar cómo los riesgos de liquidez, de concentración de capital o de desequilibrios en el mercado de capitales podrían afectar la estabilidad general. Sin modelos robustos que analicen estos riesgos, la inversión en IA podría convertirse en una fuente de inestabilidad, no de crecimiento sostenido.
Para el lector peruano, este panorama es especialmente relevante. El país ha registrado una creciente inversión en tecnologías digitales, desde fintech hasta la automatización de procesos industriales. Aunque el crecimiento en estas áreas es prometedor, el sistema financiero local aún no cuenta con mecanismos claros para evaluar riesgos asociados a tecnologías de vanguardia. La experiencia de Estados Unidos, donde el enfoque del Banco Central se ha mantenido dominado por la inflación, sirve como advertencia: una gestión financiera que no considera el impacto sistémico de las innovaciones tecnológicas puede derivar en vulnerabilidades estructurales. En un contexto donde el acceso al crédito y la regulación de nuevas tecnologías están en desarrollo, es vital que los responsables del sector —inversionistas, gobiernos y instituciones— desarrollen una visión más integral de la estabilidad financiera, que vaya más allá de los indicadores tradicionales como el precio de los bienes.