Según Gestión, el sector agropecuario peruano enfrenta una informalidad que afecta al 94% de sus actividades, lo que plantea desafíos estructurales para el nuevo gobierno. A finales de 2025, el volumen de producción de cultivos clave como arroz, café, mango y cacao mostró una disminución del 2%, derivada de una reducción en la superficie sembrada y condiciones climáticas adversas. Este desempeño se tradujo en un crecimiento del 1,3% en el primer trimestre de 2026, una desaceleración significativa frente al 4,8% registrado en el mismo periodo del año anterior. La principal causa identificada por expertos es el efecto de choques climáticos, específicamente el Fenómeno El Niño Costero, cuya influencia en este caso no se manifiesta por precipitaciones intensas, sino por temperaturas superiores a los niveles promedio.
El último informe del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) indica que, durante el periodo junio-agosto de 2026, las lluvias en la costa norte se mantendrán dentro de lo normal, pero las temperaturas del aire seguirán por encima de los valores climáticos históricos. Este calentamiento persistente en el mar frente al litoral afecta directamente la productividad agrícola. En este contexto, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) emitió pronósticos de riesgo agroclimático que identifican niveles de amenaza entre bajos, medios y altos para cultivos clave de la campaña 2025-2026, y también para la campaña posterior, 2026-2027. Los principales sembríos bajo riesgo incluyen el arroz, la papa, el maíz, la palta y el frijol, con variaciones regionales que determinan la gravedad de la exposición.
El arroz, que representa el cultivo más ampliamente extendido en el país, ya enfrenta una crisis por la caída de sus precios en el mercado. La subida de temperaturas, combinada con la sensibilidad del cultivo a las condiciones térmicas, pone en riesgo su viabilidad. En zonas como el norte del país, donde el arroz se siembra tradicionalmente, el aumento térmico puede alterar el desarrollo de las plantas, reduciendo la cosecha y afectando la calidad del producto. Este escenario no solo impacta a los productores, sino que también amenaza la estabilidad de las cadenas de suministro y la capacidad del sector para generar ingresos sostenibles.
Para el lector peruano, este panorama evidencia una vulnerabilidad crítica en un sector que aporta directamente a la seguridad alimentaria y al empleo rural. Aunque la producción agrícola ha sido históricamente resiliente, las condiciones climáticas actuales, impulsadas por fenómenos naturales como el El Niño Costero, exigen respuestas más ágiles y estratégicas. La informalidad que afecta al 94% del sector agrario dificulta la implementación de medidas preventivas o de recuperación, especialmente en comunidades rurales con baja capacidad de adaptación. La necesidad de políticas públicas que integren sistemas de seguros, apoyo técnico y mecanismos de información clima-precios se vuelve urgente, ya que el sector no puede seguir dependiendo de condiciones meteorológicas imprevisibles para su sostenibilidad.
