Segun Forbes Business, el mercado africano de alimentos y bebidas, valorado en 346 mil millones de dólares en 2024, se proyecta alcanzar 567 mil millones de dólares para 2032, con una tasa de crecimiento compuesta anual de 8.7%. Este desarrollo se inscribe en un panorama más amplio: las economías africanas, incluida Etiopía, que crecerá a una tasa del 9.2% en 2026 según proyecciones del FMI, se anticipan a expandirse al 4.2% en 2026, casi el doble de la tasa de crecimiento de Estados Unidos. A finales de la década, el estrato medio del continente será de más de 500 millones de personas, y el 60% de su población está comprendido entre los 25 años y menos. McKinsey estima que el gasto de consumidores africanos alcanzará 2.1 trillones de dólares en 2025, creciendo hasta 4 trillones de dólares en el próximo decenio.
En la exposición Good Life Show, celebrada en Ciudad del Cabo, se evidenció un panorama de innovación y capacidad productiva que desafía mitos antiguos. Empresas como fabricantes de kombucha que utilizan plantas tradicionales sud-africañas, marcas de leche de macadamia con fábricas que operan con emisiones negativas y agricultores que comenzaron alimentando niños orfanos con papas de moringa, hoy han desarrollado empresas exportables. Los fundadores entrevistados no tenían un león en su jardín, pero todos mostraron un entusiasmo genuino por la creación de negocios sostenibles y comerciales. Cosmos Mamhunze, especialista en comercio internacional y organizador de la feria, señala que los compradores internacionales suelen ver a África como un mercado de baja calidad o escasa capacidad. Sin embargo, el evento demuestra que existe una rica creatividad, una innovación constante y una capacidad real de producción. Los agricultores están dispuestos a escalar, y sus productos ya están preparados para el mercado internacional.
Para los inversores y empresarios peruanos, este escenario plantea una oportunidad estratégica. Aunque el Perú ha consolidado su presencia en mercados globales, su acceso a productos alimenticios innovadores y de origen natural —especialmente en el sector de ingredientes funcionales— puede ser ampliado mediante alianzas con África. El crecimiento acelerado de la clase media africana, junto con su alto potencial de consumo, indica que los mercados emergentes no solo están en expansión, sino que están desarrollando modelos de negocio sostenibles. El Perú, con su capacidad para procesar y comercializar productos naturales, podría integrarse como intermediario en la transferencia de tecnología y productos saludables. Así, no solo se potencia la economía local, sino que se construye un ecosistema de innovación que conecte América Latina con las fortalezas del continente africano. El futuro de las inversiones en alimentos no debe ser visto como una incertidumbre, sino como una oportunidad con datos sólidos y un crecimiento real.
