Según Yahoo Finance, entre las corporaciones más grandes de Estados Unidos, una selección de empresas ha mantenido su existencia durante más de dos siglos, coincidiendo con los primeros años de la historia nacional. Este fenómeno se observa en la lista oficial del 2026 del Fortune 500, que clasifica a las compañías por ingresos anuales. Entre ellas, compañías como la Bank of New York, cuyas raíces se remontan al año 1784, y la State Street Corporation, fundada en 1792, marcan una trayectoria que abarca la formación inicial de los sistemas financieros del país. El caso de Molson Coors Beverage Company, por su parte, alcanza aún más atrás: su origen se remonta a 1774, cuando William Worthington inició la producción de cerveza en Burton upon Trent, Inglaterra. En 1786, John Molson, inmigrante británico, estableció en Montreal lo que sería la primera cervecería canadiense, en el río St. Lawrence. Su afirmación de que "mi cerveza ha sido universalmente bien recibida más allá de mis más optimistas expectativas" refleja el inicio de una expansión que, a través de fusiones, crecimientos y siete generaciones familiares, hoy se convierte en una empresa global. Actualmente, Molson Coors se encuentra en el puesto 390 del índice del Fortune 500, generando ingresos de 11.140 millones de dólares y contando con más de 16.000 empleados, con sede en Chicago.
La pregunta que surge es cómo una empresa puede sobrevivir por más de dos siglos, frente al hecho de que casi la mitad de las empresas en el mundo no logran sobrevivir más allá de cinco años. Richard Sylla, profesor emeritus de la NYU Stern School of Business, explica que el secreto radica en dos factores clave: elegir un sector estable y tener una dirección que evite los errores comunes. Según Sylla, quien colaboró en un estudio sobre el desarrollo inicial de las empresas estadounidenses, muchas de las primeras compañías dominantes del país se construyeron en industrias que no eran susceptibles a cambios bruscos, como la manufactura de alimentos o los servicios financieros. Su modelo sugiere que la supervivencia no depende solo de la fortuna, sino de la capacidad de adaptación estructural, de mantener procesos internos sólidos y de liderar con visión a largo plazo.
Para los inversores y ciudadanos peruanos, este análisis ofrece una lección clave: el éxito empresarial no se basa en la innovación aislada, sino en la continuidad de modelos organizativos y de valores. Muchas empresas que hoy operan en el Perú, como bancos o compañías de servicios públicos, han construido sus estructuras en décadas pasadas. Su estabilidad, aunque no sea visible en el momento presente, puede ser el resultado de decisiones que se tomaron hace siglos. Al entender que las empresas más longevas han sido capaces de adaptarse sin perder su esencia, se abre una puerta a evaluar no solo el crecimiento económico, sino también la resiliencia de las instituciones que sostienen nuestras economías. Este enfoque puede guiar a los pequeños empresarios, a los inversores y a las autoridades para construir modelos más sostenibles, con mayor capacidad de resistir crisis.