Segun ECB Press (Banco Central Europeo), las percepciones del consumidor sobre la inflación en los últimos doce meses aumentaron de 3,0% en febrero a 3,5% en marzo de 2026. Las proyecciones para la inflación en el siguiente año y en los próximos tres años también subieron, pasando de 2,5% a 4,0% y de 3,0% a 3,0% respectivamente. La expectativa para la inflación a cinco años avanzó ligeramente, alcanzando el 2,4% frente al 2,3% registrado previamente. En este periodo, el margen de incertidumbre sobre las expectativas inflacionarias a un año aumentó, indicando una mayor inestabilidad en la visión del consumidor sobre el futuro de los precios.
Los grupos de ingresos más bajos mostraron, de forma continua desde 2023, percepciones de inflación ligeramente superiores a los de mayores ingresos. A pesar de esta diferencia, la tendencia general de crecimiento en las expectativas de inflación y en los próximos doce meses fue homogénea entre todas las categorías de ingresos. En cuanto a la edad, los jóvenes entre 18 y 34 años mantuvieron expectativas de inflación más bajas que los adultos mayores de 35 a 54 años y de 55 a 70 años, una brecha que se ha consolidado en años recientes.
Los pronósticos sobre el crecimiento nominal de ingresos para los próximos doce meses se mantuvieron sin cambios, estableciéndose en 1,2%. En contraste, el crecimiento percibido en el gasto nominal durante el último año aumentó de 4,6% a 5,1%. La expectativa de crecimiento económico en los próximos doce meses se volvió más negativa, mientras que la proyección para la tasa de desempleo en el mismo periodo también subió. Además, las expectativas sobre el aumento de precios de los inmuebles y de los intereses de hipotecas en los próximos doce meses se incrementaron, reflejando una presión creciente en el mercado inmobiliario.
Este panorama europeo puede ofrecer una referencia útil para el sector peruano. Aunque los contextos económicos son distintos, el patrón de inflación percibida y de expectativas de precios en el hogar, especialmente entre grupos de ingresos más vulnerables, es similar a lo observado en Europa. En el Perú, donde las tasas de inflación han mostrado volatilidad en los últimos años, los consumidores más bajos suelen sentir una presión mayor sobre sus ingresos. Esta sensibilidad podría traducirse en decisiones de ahorro más prudentes o en un mayor consumo de bienes básicos. Además, si las expectativas sobre el crecimiento de precios en viviendas y de tasas de crédito aumentan, como en Europa, es probable que en el Perú también se vean reflejadas tendencias en la demanda inmobiliaria y en el acceso al crédito.
La atención a estos indicadores permite a los hogares y a las instituciones financieras anticipar cambios en el comportamiento del consumidor. En un entorno donde la inflación y la confianza en el futuro son claves, entender las diferencias por edad y nivel de ingresos ayuda a diseñar políticas más equitativas y efectivas.
