Segun BEA Wire (US Bureau Econ. Analysis), las cadenas de valor ofrecen una mirada alternativa y más detallada al funcionamiento de las cadenas de suministro globales. Mientras que las cadenas de suministro trazan el flujo físico de bienes desde su origen hasta el consumidor, las cadenas de valor miden el incremento de valor en cada etapa del proceso productivo. Este incremento se calcula como la diferencia entre el valor de salida y los costos de entrada de una actividad específica. La suma total de esos aumentos representa el valor agregado global de un producto o servicio.
En el caso del café, por ejemplo, el proceso físico comienza en Colombia con la siembra, avanza a Alemania con la tostada y finaliza en Estados Unidos con la marca y la venta al público. La cadena de valor, en cambio, desglosa cuánto valor se genera en cada etapa: los agricultores en Colombia, los fabricantes en Alemania y los distribuidores en Estados Unidos. Estos datos permiten identificar que, en este caso, el mayor valor se genera en la etapa de comercialización en Estados Unidos, mientras que el menor se forma en la producción agrícola. Esta distinción no está presente en los datos tradicionales de cadenas de suministro, que solo muestran el trayecto físico sin evaluar el impacto económico de cada paso.
El desarrollo de estadísticas completas sobre cadenas de valor por parte del BEA representa una herramienta clave para entender mejor cómo se distribuye la riqueza en la producción global. Al mapear cada etapa de un bien desde su origen hasta su consumo, se revelan patrones de valor que pueden guiar decisiones económicas tanto para gobiernos como para empresas. Esto permite evaluar no solo dónde se producen bienes, sino también dónde se generan mayores ingresos y cuáles son los puntos más vulnerables del proceso.
Para el lector peruano, este enfoque es especialmente relevante en un contexto de exportación y dependencia de cadenas internacionales. El país participa activamente en cadenas de valor globales, especialmente en sectores como la agricultura, la manufactura y las industrias del conocimiento. Al comprender cómo el valor se distribuye en cada etapa —desde la siembra hasta la comercialización—, el sector privado y el gobierno pueden diseñar estrategias más efectivas. Por ejemplo, si se identifica que el valor agregado se genera principalmente en etapas post-producción, como el diseño o la marca, se puede incentivar el desarrollo de capacidades locales en esos sectores. Así, el Perú podría fortalecer su posición en el mapa global no solo como proveedor de materias primas, sino como actor clave en la creación de valor.